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Desmontan el mito del beso de Víctor Hugo a Alejandro Sawa, el bohemio heroico

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La profesora de la Universidad de Granada Amelina Correa ha desmontado la leyenda del beso que el escritor Alejandro Sawa recibió en París de Víctor Hugo, en "Alejandro Sawa. Luces de bohemia", Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2008 por su "exhaustiva labor de investigación".

La biografía determina y concreta fechas, hechos y viajes del "bohemio heroico" que fue Alejandro Sawa y desmonta leyendas como la de que Hugo le besó en la frente, a resultas de lo cual Sawa ya nunca volvió a lavarse la cara para no borrar el ósculo del genio, una costumbre de la que presumía por los tugurios madrileños.

En 2009 se cumplirá el centenario de la muerte de Sawa, en quien Valle-Inclán se inspiró para su Max Estrella, protagonista de "Luces de bohemia", y que nació en 1862 en Sevilla y pasó parte de su infancia en Málaga.

Amelina Correa explicó a Efe que Sawa "desarrolló su trayectoria literaria en Madrid y París a finales del siglo diecinueve y principios del veinte, pertenecía a una familia proveniente de Grecia que se asentó en la localidad sevillana de Carmona para, desde ahí, dar el salto a la capital hispalense".

"He podido rastrear y documentar esa diáspora de sus antecesores desde la Esmirna pre-turca hasta el número 26 de la calle de San Pedro Mártir en Sevilla, morada en aquellos tiempos de abogados, procuradores, militares y prósperos comerciantes en la que nacería Alejandro en 1862", añadió.

En la misma calle sevillana nacieron varios años después su luego amigo Manuel Machado, que le dedicará un conocido y hermoso "Epitafio" en verso a su muerte, y Rafael de León, tal y como hoy lo recuerdan sendas placas conmemorativas -el único que carece de placa en la calle es Sawa, lamentó Correa-.

Entre las aportaciones de su investigación, Correa destacó "numerosas fechas como, por ejemplo, el traslado de su padre desde la señorial Carmona a la capital sevillana, el posterior traslado de toda la familia a Málaga, el viaje del todavía adolescente Alejandro a Madrid, donde pronto le seguirá su familia, y una datación que desmiente numerosas informaciones erróneas sobre sus, en realidad, dos viajes a París, y no sólo uno como hasta ahora algunos creían".

"Me ha conmovido especialmente la lectura del epistolario íntimo que mantuvo con su compañera y luego esposa Jeanne Poirier, traducido ahora por primera vez al español y por el que descubrimos que su fructífera estancia en París no sólo le propició el intenso contacto con la literatura simbolista, acentuándose aún más su muy marcado culto hacia la belleza, sino que fue también la ciudad de sus enormes deudas", señaló la biógrafa.

Esas deudas se debieron a préstamos motivados por "las visitas fugaces al Casino belga de Spa en busca de la piedra filosofal de la ruleta", señaló Correa en alusión a los intentos de Sawa de dar con un método para ganar en este juego.

"Una vida literaturizada que acabó incorporándose en la esencia literaria del personaje valleinclaniano de Max Estrella, que encarna la tragedia absurda de tantos escritores que acabaron fracasando en la turbia e inestable vida cultural de la España de finales del siglo XIX y comienzos del XX", añadió en referencia a las múltiples alusiones al escritor-personaje que han hecho tantos escritores de su época y posteriores.

Los primeros contactos de la biógrafa con Sawa y con su única heredera, Carmen Calleja, datan de 1989 con motivo de un estudio que realizaba sobre su novelística y que editó en 1993, ampliándolo después con la publicación de diversos artículos en revistas especializadas.