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El despertar amargo de un pueblo que vivía del cloro

Flix se moviliza contra el posible cierre de la planta de Ercros, de la que depende su economía

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El voto nulo ganó las pasadas elecciones europeas en la localidad catalana de Flix, donde alcanzó ni más ni menos que el 36% de los sufragios. Es sólo un síntoma del temor de la población ante la enfermedad que padece la antes todopoderosa planta química de Ercros, y ejemplifica el peligro del monocultivo económico.

Fundada hace 112 años por capital alemán, en los años noventa la planta llegó a contar con 735 trabajadores en plantilla en una localidad de sólo 4.000 habitantes. El pasado mes de junio, eran ya tan sólo 245. Y bajando. 'Espero que la gente mantenga la serenidad, pero es cierto que la situación ha causado tensión social', admite el alcalde, Òscar Bosch. La plataforma Volem Viure a Flix, junto con el comité de empresa de la planta, reunió a 300 personas ante la sede de la Generalitat el mismo día que la clase política catalana en pleno se paseaba por la flamante nueva terminal del aeropuerto del Prat, la T-1.

El manifiesto fue entregado a la portavoz del ejecutivo, la flixenca Aurora Masip. Pedían al Gobierno catalán que paralice el ERE que afectará a 51 trabajadores. 'Es la primera vez que Ercros despide gente sin negociar antes con los sindicatos. Y, además, esta vez sólo ofrece 20 días por año trabajado', apunta Jaume Blanch, de CCOO y delegado sindical intercentros del grupo Ercros.

Las causas de la crisis de Ercros se originan en las restricciones de la UE al cloro, producto estrella de la planta. '¿Y ahora qué? Los deberes para evitar la dependencia de la fábrica deberían haberse hecho hace diez años, apostando por una planificación industrial', se lamenta el presidente del comité de empresa, Jaume Pruneda. 'Parar un golpe así a corto plazo es complicado porque ya no sabemos ni podemos hacer de agricultores y el comercio depende de los trabajadores de Ercros, así como del personal que trabaja en la central nuclear de Ascó'.

Según Bosch, una de las alternativas más consistentes que se barajan ahora en el pueblo es de raíz keynesiana: avanzar toda la obra vinculada a la descontaminación de los lodos pestilentes almacenados desde hace varias décadas en el recodo del río Ebro a su paso por la localidad a causa de la actividad de la propia Ercros. Las estimaciones hablan de un máximo de hasta 90 contrataciones en los momentos punta.

Pero el proyecto acumula dos años de coma administrativo y la respuesta afirmativa va para largo. El Ministerio pretendió en un primer momento mejorar los planes de contingencia para asegurar el suministro de agua de boca en caso de accidente. Además, el plan inicial de extraer los lodos mediante una cinta transportadora parece demasiado complejo y la empresa adjudicataria de las obras ya está estudiando otras opciones más realizables.

La decisión del inicio de las obras debía anunciarla el secretario de estado de Medio Rural, Josep Puxeu, que la semana pasada evitó hacer público el calendario aunque reiteró la voluntad de efectuar la descontaminación. La Generalitat, que prevé un plazo de año y medio, se ha comprometido, a su vez, a acelerar la apertura de una residencia para jubilados, que daría trabajo a 60 personas a partir del próximo mes de octubre.

Parece que el reloj marca la hora de las prisas después de que, como apuntaba un jubilado ex trabajador de Ercros, 'la fábrica nos hubiera adormecido a todos durante años con su cloroformo'. Y el despertar puede resultar muy amargo para todo el pueblo.

El Grup Ecologista de Tarragona i l’Ebre-Ecologistes en Acció de Catalunya (GETE-EeAC) ha denunciado este fin de semana el nuevo retraso en la fecha de inicio de los trabajos de descontaminación del río Ebro. Para los ecologistas, la tardanza responde a la “falta de voluntad política” por parte de los nuevos responsables del Ministerio de Medio Ambiente. La entidad asegura que si el proyecto acaba viendo la luz, se deberá a las “presiones externas ajenas al Ministerio”. La propia ministra Elena Espinosa explicó la semana pasada que el retraso se debe a la “complejidad técnica” del proyecto y recordó que ya se ha invertido “mucho dinero”. Según indicó, antes de las obras de extracción de los lodos radiactivos es necesario finalizar los pozos de seguridad, una obra que ya está “prácticamente acabada”.