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Destituido un jefe policial tras los atentados de Ramadi

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El jefe de policía de la provincia occidental iraquí de Anbar fue destituido el jueves, día en el que las autoridades impusieron un toque de queda en su capital, Ramadi, tras los atentados en los que murieron 27 personas y resultó herido el gobernador de la provincia, dijo la policía.

La destitución del general Tareq Yusuf pareció reflejar las preocupaciones sobre la rampante violencia en el bastón suní de Irak antes de las elecciones nacionales del 7 de marzo. Dos suicidas se inmolaron uno detrás de otro el miércoles cerca de la sede gubernamental de la provincia en Ramadi.

Las autoridades provinciales impusieron un toque de queda continuado el jueves, impidiendo a los ciudadanos circular por las calles, excepto en casos de emergencias, hasta más noticia.

El consejo provincial de Anbar relevó a Yusuf de su cargo de máximo responsable policial de la provincia, dijo el teniente coronel de Jabar Ajaj.

"La decisión llega como resultado de los atentados que tuvieron lugar ayer", dijo.

La violencia generalizada en Irak ha caído abruptamente mientras el país se prepara para las elecciones y la responsabilidad sobre la seguridad pasa de manos estadounidenses a las fuerzas locales.

Sin embargo, los atentados de Ramadi, junto con una bomba junto a una carretera que mató a siete peregrinos en Jalis, en el norte de Bagdad, el miércoles, subrayaron la persistencia de la insurgencia iraquí.

Los suicidas de Ramadi tenían como objetivo al parecer al gobernador Qasim Mohamed. La policía dijo que el primero de ellos hizo explotar los explosivos en un vehículo y que el segundo iba a pie.

Mohammed fue trasladado por las fuerzas estadounidenses a Bagdad para ser tratado allí. Sadun Jraibit, miembro del consejo de gobierno de Anbar, fue herido en el atentado y posteriormente falleció en el hospital, dijo la policía.

El vicepresidente Adel Abdul-Mahdi condenó los atentados de Ramadi y Jalis, atribuyendo la acción a Al Qaeda y a los seguidores de Sadam. Las acciones fueron diseñadas para "sacudir la estabilidad y la paz en el país y para difundir el miedo y el terror entre la población, especialmente ante la cercanía de las elecciones parlamentarias del 7 de marzo", dijo.

Anbar, corazón de la insurgencia islamista suní tras la caída en 2003 de Sadam Husein, se convirtió en una zona relativamente segura cuando los líderes tribales se opusieron a la insurgencia de Al Qaeda en 2006.

Pero una serie de atentados recientes han despertado la preocupación respecto a que la violencia vaya a aumentar de cara a las elecciones parlamentarias. La minoría suní, que dominó Irak bajo Sadam Husein, teme que la mayoría suní pueda expulsarles del poder para siempre.