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Las deudas de los museos se comen las exposiciones

El endeudamiento castiga a los centros de arte participados por capital privado, que reclaman una revisión de la Ley de Mecenazgo. La caída de ingresos por actos privados y la merma de patrocinios marcan la vuelta a proyectos austeros

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Las largas colas tapan la crisis. Los 2.700 visitantes diarios de Matisse en el Thyssen maquillan una realidad menos boyante. De puertas para adentro, la situación es delicada: las cuentas de los museos y centros de arte participados por capital privado delatan un nivel de endeudamiento preocupante. La Fundación Colección Thyssen-Bornemisza prevé para este año una cuenta de resultados en números rojos (-4.127.000 euros en concepto de resultado de explotación).

Hay quien reconoce que la institución ha pecado de un exceso de confianza durante los años de bonanza económica, con un modelo excesivamente volcado en los ingresos por eventos privados. No ha sido el único.

El Museo Fundación Antoni Tàpies ha hecho encaje de bolillos para financiar las obras de remodelación que mantienen cerrado el museo desde enero de 2008. A pesar de que el 60% de su presupuesto anual procede de entes privados, esta remodelación ha sido sufragada en un 90% por el Adjuntament de Barcelona y la Generalitat que, mediante un acuerdo con el Instituto Catalán de las Finanzas, ha suscrito un crédito a diez años; indicio de que el endeudamiento ya contagia a las arcas públicas.

A esto hay que añadir el descenso en los ingresos por alquileres de espacios a empresas que en el Thyssen estiman del 40% y, en El Prado, del 10% en el primer semestre del año. El museo que dirige Miguel Zugaza ha registrado un descenso significativo en las constructoras (se mantienen asociaciones profesionales e instituciones, entes financieros y aseguradoras).

El Reina Sofía también ha sufrido una bajada en estas solicitudes. El sector de la informática, la industria farmacéutica y los medios de comunicación lideran la demanda de estos servicios, aunque el museo advierte un 'cambio de perfil': ahora son actos con menos invitados y una organización sencilla, que prescinde de aspectos secundarios.

A nivel de patrocinios, 'las empresas han recortado su colaboración un 30% a nivel global', advierte Frances Reynolds, presidenta de la Fundación Arte Viva. La conjunción de ambos factores ha desatado un efecto dominó en la programación de exposiciones: el Instituto de la Cultura de la Fundación Mapfre ha recortado sedes en sus muestras itinerantes, la Fundación Miró ha renunciado a sus proyectos más costosos, el Thyssen reducirá de cinco a tres sus exposiciones en 2010 y el IVAM no descarta prescindir de alguna muestra de gran producción.

Así las cosas, los cambios en el calendario son una constante. Y aunque resulte menos obvio, la crisis tampoco pasa de largo para las instituciones públicas. Por lo pronto, hay quien apunta a una merma considerable de los blockbusters (grandes exposiciones en torno a nombres con tirón) en las pinacotecas estatales.

Desde el anonimato, un galerista avanza que 'se acabaron los avales millonarios del Gobierno', que ha respaldado éxitos como la retrospectiva de Picasso en el Reina Sofía (2008), asegurando las obras expuestas por un valor superior a 2.000 millones de euros. Compromisos que si bien no desaparecerán, serán puntuales hasta que la crisis escampe.

En un segundo plano, preocupa la caída de ingresos por venta de entradas y en artículos de librería, y 'la reticencia antes de que otro museo se decida a acoger el gasto mínimo que conlleva compartir una muestra', observa la directora de la Fundación Miró, Rosa María Malet.

Con una aportación del 20% a los ingresos totales del museo, el tema de las entradas no deja de ser una preocupación relativa. 'Son importantes, pero no decisivas', corrobora Guillermo Solana, director artístico del Thyssen. En los últimos dos años, la aportación estatal a colecciones de arte participadas por capital privado entre las que figuran las del Thyssen y MACBA no ha bajado de los cinco millones de euros. En 2009, esta dotación ascendió a 5.814.400 euros, lo que supone el 2,28% del gasto que los Presupuestos Generales del Estado destinaron al capítulo de museos.

La Ley de Mecenazgo, aprobada por el Gobierno de José María Aznar en 2002, amplió los beneficios fiscales previstos para las fundaciones en la ley anterior (30/1994), en una época en la que este tipo de entes se multiplicó. Entre las ventajas de las que gozan, figuran las rentas exentas de impuestos aplicables en donativos y donaciones, y en subvenciones y cuotas de asociados y benefactores.

En España, el músculo privado de estos centros depende de la banca, de empresas de telecomunicaciones y constructoras, patrocinadores habituales. En las últimas grandes exposiciones, la banca ha desempeñado un papel fundamental: Joaquín Sorolla (1863-1923) ha sido posible gracias a la colaboración entre El Prado y Bancaja, como la muestra de Modigliani del Thyssen (2008), fruto de la colaboración con Caja Madrid.

Una de las debilidades del sector español es la falta de olfato para captar capital privado. 'A nosotros nos resulta más fácil colaborar con museos de fuera de España que de dentro, porque en el extranjero existe más cultura del apoyo en instituciones privadas', sostiene Jiménez Burillo, director del Instituto de la Cultura de la Fundación Mapfre. Una carencia que viene de una oferta académica que elude la preparación en este sentido: 'El tema educativo debería ser indisociable de los hechos culturales y, en este sentido, tenemos una debilidad', admite la directora de la Fundación Miró.

Ante este panorama, muchos barren para casa y piden que se revise la Ley de Mecenazgo, con el fin de ampliar los beneficios fiscales. En las antípodas de este planteamiento está quien prefiere disminuir su dependencia estatal. Es el caso de la Fundación Tàpies, que defiende un 'plan estratégico que potencie la financiación propia y recorte proporcionalmente la aportación pública', avanza el gerente de la Fundación, Guillem Peiró.

Mientras dure la crisis, el modelo expositivo se resentirá. Dentro de las estrategias para sortearla, está recortar los apartados más onerosos de las exposiciones, principalmente transportes y seguros. Y a veces el único modo de hacerlo es cancelándolas. 'Compartiremos exposiciones con otras cuatro o cinco instituciones de manera que itineren. Pero algunas que hicimos en el pasado son ahora impensables sin la financiación de mecenas y sponsors', indica Peiró.

La solución es abrirse al capital privado. Los primeros pasos son palos de ciego y pasan por contactar con coleccionistas y galeristas a través de los artistas expuestos, modalidad que la Tàpies está poniendo en marcha.