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Di María salta sobre la última proeza de Robben

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Ya se sabe, las comparaciones son odiosas. Pero también resultan inevitables. Por eso cuesta no mirarse en el Brasil-Chile de ayer. Reparar en cómo la pentacampeona del mundo se paseó ante Chile, que tantas dificultades le puso a España hace apenas unos días. Acordarse de que ese mismo equipo de Dunga que ayer bailó encima de donde La Roja sudó no pasó del empate ante el defensivismo crónico de Portugal, el rival español hoy en octavos. Por resultados, la selección finalmente está donde todos los demás. Por sensaciones, que había sido su fuerte hasta pisar Suráfrica, sigue un punto por debajo. España juega mucho mejor de lo que lo ha hecho hasta ahora. Necesita recordarlo. Y demostrarlo hoy ante un Cristiano que tampoco acaba de aparecer en plenitud por el Mundial. Uno y otro, La Roja y Cristiano, se deben a sí mismos una actuación convincente. El partido les espera.

Cristiano, por cierto, tiene nuevo compañero. Lo conoció ayer de forma oficial de boca del propio Real Madrid. Di María, el zurdo argentino del Benfica, rápido regateador, jugará de blanco las próximas seis temporadas. No le suele gustar al Mundial que una noticia así altere su día a día. Argentina sigue con la cabeza en Suráfrica, pero la actualidad informativa la obligará a distraerse por un rato en los alrededores. Aunque el mercado sonar, ya sonaba.

Lo curioso del anuncio, guiños del destino, es que se produce justo cuando un suceso del Mundial volvía a desviar la mirada hacia la particular política de fichajes del Madrid. Holanda también se metió en cuartos, se quitó de encima a Eslovaquia con dos maniobras de otros tantos ex madridistas. La primera, de Robben, muy fiel a su libro de estilo: conducción por la derecha y, llegado al pico del área, va recortando hacia dentro hasta sacarse un disparo duro, raso y ajustado con su zurda de oro. La segunda, de Sneijder. Uno y otro jugaban en el Madrid, pero el Madrid decidió deshacerse de ellos. Uno y otro han cuajado una temporada estelar, que parece no tener techo ni fin. Cada detalle genial de uno y otro provoca en el equipo blanco un remordimiento. Así que para combatirlo, ayer decidió ponerse a pensar en Di María. El primer regalo de la era Mourinho.