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Diamanda Galás inaugura el Palabra y Música

El festival de las nuevas experiencias poéticas arranca en Sevilla y Gijón con versiones de César Vallejo y Pasolini

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La artista experimental Diamanda Galás es una apasionada de Camarón de la Isla y del cante jondo. 'Es una música con sangre', explica a Público desde Sevilla, donde esta noche abrirá el Festival Palabra y Música con un concierto en el teatro Lope de Vega. Está en la ciudad perfecta para dejarse llevar por los desgarros del flamenco. Y está encantada: 'Adoro el cante jondo, es apasionado y la música de Camarón me recuerda mucho a John Lee Hooker'.

El espectáculo que ha traido a Sevilla el domingo actuará en el Teatro La Laboral de Gijón, la otra sede del Festival es un despliegue textual y musical de las obsesiones de esta californiana de ascendencia griega: canciones de Asia Menor, el toque americano del jazz y el blues y poemas del salvadoreño Miguel Huezo Mixco, un ex activista del FPL, el peruano César Vallejo y el francés Henri Michaux. También tendrá cabida una versión del poema Súplica a mi madre, de Pasolini.

'He elegido a estos poetas porque están cerca de mi corazón, porque me golpean, les comprendo y son muy sofisticados', aclara la artista. En su sofisticación no estriba sólo la elegancia, sino que toma como referencia la vieja acepción griega de la palabra: textos con una capacidad para influir en los ciudadanos.

Son poemas que hablan de sangre, lucha y también de muerte, conceptos con los que ha jugado desde que empezó su carrera en 1979 y por los que muchas veces la han descrito como cantante satánica y diabólica. 'Me hace gracia porque yo no me considero así, lo que ocurre es que soy mediterránea, soy griega y en nuestra cultura está la muerte', explica Galás. La artista entronca este concepto con la influencia de las religiones, y enseguida esboza una crítica profunda hacia las creencias monoteístas. 'El poeta sirio Adonis dice que tanto el catolicismo, como el judaismo o el Islam están ya pasados, y estoy de acuerdo. El monoteísmo me parece absurdo y ridículo', afirma. Como buena griega, ella cree en el paganismo. 'Me debería llamar Diamanda La Pagana', apostilla antes de que le brote una risa estentórea.

Su voz siempre ha sido un foco de atención para los críticos. Galás gime y grita en sus conciertos. Alza y baja la voz manejando con habilidad las diferentes octavas. Para ella es una forma de experimentar con la música y de interpretar sus canciones: 'Yo las concibo como un cortometraje por el que pasan emociones e ideas que intento transmitir con la voz. Yo no puedo cantar de otra manera una canción que supone el diálogo de un hombre con la muerte y que dice quiero comerme tu carne'.

La artista no cree que sea una provocadora. 'Andy Warhol lo era, yo no. Lo que pasa es que a mucha gente le da miedo decir palabras nuevas', manifiesta. Ella también reconoce su miedo, pero cree que debe cantar lo que siente: 'Para mí la música es como un exorcismo, una búsqueda, y por eso sé que es complicada, pero tiene que serlo', señala.

De ahí viene la cruzada que mantiene con la música pop, a la que ve demasiado simple y falta de ideas. Incluso la música de los Beatles solamente 'está hecha para happy stupid people', apunta. 'Creo que lo que se canta ahora mismo en el pop es estúpido. Aunque no sea del todo pop, solamente merece la pena Amy Winehouse porque tiene muy buena voz y ha sabido captar el sentido de su tiempo en sus canciones. Sus problemas con las drogas me dan igual, pero espero que viva muchos años', manifiesta.

La autora de discos como Plague mass (1990), una especie de misa para los enfermos de sida, y el próximo Guilty, guilty, guilty, lleno de canciones de amor homicida, cree que, a pesar de todo, todavía hay muchos artistas que se lanzan a la experimentación. El problema, según ella, es que la industria no les apoya. 'En EEUU el dinero lo siguen recibiendo los mismos, y a mí es que ya me cansan porque me parecen muy aburridos. Sin sangre', acusa Galás.