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"Días de horca y cuchillo", una radiografía de la violenta España prebélica

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Los diarios que el periodista y escritor Alfredo Muñiz (Los Villares, Jaén, 1897, México,1982), compañero de redacción de Manuel Chaves Nogales, llevó desde el 16 de febrero hasta el 15 de julio de 1936, ofrecen una radiografía de la España prebélica y de una sociedad divida hasta la muerte.

Hombre de izquierdas exiliado tras el conflicto, admirador de Manuel Azaña y republicano, Muñiz recoge en sus páginas, desde la privilegiada atalaya de una redacción madrileña, lo que cada día sucede en España desde la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero hasta el 15 de julio, cuya hoja queda en blanco tras haber consignado los asesinatos del teniente Castillo y de Calvo Sotelo.

En "Días de horca y cuchillo" (Espuela de Plata), Muñiz toma nota de los sucesos violentos cada día y el resultado es una radiografía de un país enfermo, de una violencia política convertida en algo cotidiano y de una espiral en la que cada agresión o atentado es contestado del mismo modo, sin esperar la acción de la justicia.

En tan sólo un día, el 16 de marzo de 1934, Muñiz consigna en sus diarios sucesos violentos en casi toda España, sobre todo en la región de Murcia, con una contabilidad total de 9 muertos, 19 heridos, cinco iglesias incendiadas y un intento de quema de otra más, cuatro conventos incendiados y un intento de asalto a un cuartel de la Guardia Civil.

Ese mismo día, Muñiz contabiliza el asalto a un casino, el incendio a cuatro sedes de entidades políticas, el incendio de dos colegios y de la sede de un periódico y, entre varias detenciones, una de quince individuos, además de manifestaciones, contra-manifestaciones y varias alteraciones del orden público de diversa índole.

No todos estos hechos trascendían a la opinión pública, ya que, como consigna Muñiz, la censura del Gobierno no deja informar de los más sangrientos, ya que el Ejecutivo del Frente Popular sostiene la misma censura que empleó el Gobierno de la derecha.

De ahí que Muñiz, el 31 de marzo de ese mismo año, se desahogue con su diario: "Ambos sucesos se pierden, como tantos otros, en el poco de silencio del gabinete de censura ¡Triste sino de la prensa española! Con Gobiernos de derecha o con Gobiernos de izquierda, su símbolo es siempre la mordaza".

Y añade sobre la censura: "Ese atributo vergonzoso, manejado tan diestramente por los poderes civiles y militares, que es ofensa máxima a la libertad ciudadana, al derecho del pueblo a enterarse de todo; que de todo debe saber y de nada puede asustarse".

Estos diarios tienen el interés de haber conservado originales de textos informativos marcados por la censura, los cuales se ofrecen entre corchetes, según señala en el prólogo Angelina Muñiz-Huberman, hija del autor, también escritora y afincada en México.

Su hija asegura en el prólogo de este diario que ha permanecido inédito hasta ahora que su padre no perteneció a ningún partido, pero fue "defensor de la democracia, de la libertad y de la República" y que, como periodista, reaccionó contra la censura informativa aunque proviniera del Frente Popular.

Además de consignar las muertes de los personajes anónimos, desde obreros y campesinos hasta estudiantes, médicos o guardias, Muñiz retrata en estas páginas a los principales actores políticos "en sus mejores y peores momentos", como a Azaña, Casares Quiroga, Jiménez de Asúa, Primo de Rivera o Calvo Sotelo.

Muñiz, que publicó varias novelas, entre ellas "El hombre que mató su alma", que cosechó éxito de público y crítica, fue cronista, crítico teatral y reportero de "El imparcial", "La libertad" y "El Heraldo de Madrid", y estrenó una comedia en el Teatro de la Zarzuela.

Alfredo Valenzuela