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Dos días de incertidumbre para una viajera enferma

Una mujer con problemas de movilidad es forzada a cambiar de aeropuerto

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La odisea que acaba de vivir Araceli Cabanillas, una pasajera enferma de cáncer y con movilidad reducida que tardó más de dos días en volar de Tenerife a Madrid, resume las penurias que viven miles de personas estos días. Tras el criticado cierre del viernes por la nevada, el aeropuerto de Barajas recupera poco a poco la normalidad, salvo para los pasajeros obligados a viajar con Iberia que, como le sucedió a Araceli, acumulan, uno tras otro, retrasos y cancelaciones.

Araceli lo tenía todo previsto. Volaba con dos acompañantes para ayudarle a desplazarse y llevaba en una maleta el corsé ortopédico que le permite mantenerse en pie. Nada llegó con ella a Madrid. La pesadilla comenzó el viernes, cuando Barajas canceló todas sus operaciones. Su vuelo salía en principio de Los Rodeos a las 17:30 horas, pero no consiguió otro hasta 48 horas más tarde. 'Menos mal que estaba mi hijo y yo pude marcharme a esperar a su casa', recordaba ayer. En ese plazo, Araceli perdió a sus acompañantes, dos vecinos suyos de Madrid. Iberia no pudo recolocarlos en el mismo vuelo, así que tenía que viajar sola, sin la ayuda prevista. Pero eso no era todo.

El domingo, después de que su hijo se asegurara de que el avión salía en hora, que no había nuevas cancelaciones, la mujer regresó al aeropuerto tinerfeño. Su puerta de embarque era la número 7 y allí esperó hasta que llamaron a los pasajeros por megafonía. Como Los Rodeos es un aeropuerto 'pequeñito', Araceli no solicitó a AENA que le facilitara una silla de ruedas. No imaginó que en vez de subir a un avión con destino a Madrid, tendría que montarse en un autobús rumbo al aeropuerto Sur de la isla, situado a más de 100 kilómetros de la puerta 7.

'Cuando salimos por la puerta de embarque lo que nos encontramos en la pista fue un autobús de dos pisos', relata. El piso de abajo estaba ya completo y no le quedó más remedio que subir al segundo, no sin grandes dificultades, por el problema que padece en las vértebras. Y así viajó durante una hora hasta el sur de la isla, sin que nadie de la compañía le explicara a dónde iban.

El autobús dejó a los pasajeros a la entrada del aeropuerto, por lo que debieron volver a pasar el control del equipaje de mano y llegar a una nueva puerta de embarque. El aeropuerto del sur de la isla es bastante mayor que Los Rodeos y la espalda de Araceli empezó a resentirse del trasiego. 'Si no llega a ser por los pasajeros que me ayudaron, no sé qué hubiera hecho', lamenta.

Junto al resto de pasajeros, Araceli comprobó que su vuelo salía a las 19:30 horas. Pero de nuevo se acumularon retrasos y hasta casi las 23:00 horas no despegó rumbo a Madrid. La llegada, de madrugada, tampoco estuvo exenta de imprevistos. Su maleta, como la de la mitad del pasaje de ese vuelo, no llegó a Madrid con ella.

'La maleta me daba igual, lo único que quería era llegar a mi casa', confiesa. Hasta el día siguiente no se dio cuenta de la importancia de la pérdida. 'En la bolsa tengo todas mis medicinas, pero lo peor es la faja que necesito para poder estar de pie, porque con todo el trajín, tengo la espalda destrozada'. Y eso sin contar que el retraso le hizo además perder su revisión periódica con el médico.

Los dos vecinos de Araceli que debían haber viajado con ella el viernes llegaron a Barajas incluso más tarde, a las 06:00 horas de ayer. En su caso, al menos, las maletas llegaron con ellos. D