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Dibujos animados de pata negra

La animación española alcanza el "reconocimiento internacional"

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Vamos a la cama que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar'. Con esta popular frase, La familia Telerín (Estudios Moro, 1964) daba las buenas noches a todos los niños en lo que supuso uno de los grandes éxitos de la producción española de dibujos animados. Desde entonces, la industria española del sector ha evolucionado mucho en la técnica y ha cosechado grandes éxitos como D'Artacan y los tres mosqueperros (BRB, 1981), Lola & Virginia (Imira Entertainment, 2006) o Pocoyó (Zinkia Entertainment, 2005).

Desde el punto de vista de la técnica, el dibujo animado de hoy día poco tiene que ver con aquellos diseños de Teo, Maripi, Pelusi, Colitas y Cuquín dando las buenas noches. 'Yo siempre digo que los dibujos animados son como bocadillos de jamón', señala Claudio Biern, presidente de BRB, productora de series como David el Gnomo y La vuelta al mundo de Willy Fog. 'El pan varía con el tiempo, como la tecnología, pero el jamón ha de ser siempre de una calidad exquisita', apunta.

La mayor proporción de ingresos procede del 'merchandising'

¿Y qué debe tener una serie de dibujos animados para asemejarse a un jamón de pata negra? 'Ante todo, creatividad, que todo sea original y pueda hacer volar la mente de los pequeños con una buena historia', prosigue Biern.

No obstante, con la llegada de la televisión comercial, la multiplicación de canales y el desarrollo de las nuevas tecnologías, la temática y el objetivo de los dibujos animados han cambiado mucho. En opinión de Sergi Reitg, director general de Imira Entertainment, las cadenas de televisión buscan series de dibujos animados de corte humorístico con una carga educativa baja. Esta opinión es compartida por Biern, que añade que en otras épocas se ha apostado más por dibujos de acción con violencia, pero que ahora las televisiones comerciales quieren humor para su programación infantil.

El desarrollo de la TDT y la segmentación de la audiencia ha fomentado la especialización de los dibujos en función de las diferentes franjas de edad, frente a la tendencia en épocas pasadas de buscar creaciones que incluyeran ganchos para todo tipo de públicos. José María Castillejo, presidente de Zinkia Entertainment, productora de Pocoyó, considera que actualmente uno de los principales factores a la hora de desarrollar una serie es definir su target, es decir, la franja de edad a la que va destinado.

Las cadenas buscan series de corte humorístico con baja carga educativa

Sin embargo, el cambio más radical que ha vivido el sector, según reconocen los productores, ha sido el desarrollo y la aplicación de las nuevas tecnologías a la producción de los dibujos y el desarrollo de nuevos formatos como el 3D. 'Antes hacían falta 500 personas para llevar a cabo una serie señala Reitg, ahora con cien personas y dos ordenadores tenemos una serie hecha'.

Cada vez son más los títulos que se producen en 3D. Esta temporada, BRB estrenará en el canal de televisión Panda Zoobabu y Canimals. No obstante, las principales productoras no creen que el futuro del sector pase únicamente por esta tecnología. 'El 3D no es la panacea. Es una herramienta más que hay que utilizar según la serie', apunta Castillejo.

El capítulo de financiación de los proyectos es otro de los aspectos que más ha evolucionado con el paso de los años. 'En un principio, todos nuestros ingresos provenían de la televisión pero, con la fragmentación de la audiencia, el precio de venta de una serie es mucho menor', explica Biern, que señala que, actualmente, sólo el 25% de los ingresos provienen de la pequeña pantalla.

La mayor proporción de ingresos que convierten en rentable una producción es el merchandising, según reconocen las productoras. Reitg, de Imira, señala que, durante la creación de una serie, se tiene muy en cuenta la salida futura al mercado de productos como juguetes, videojuegos, campañas de alimentación, etc. 'Es lo que hace rentable una producción o no', reconoce.

Con todos estos ingredientes, las productoras, con más o menos optimismo, consideran que la industria de la producción animada española se encuentra en un buen momento, ya que ha conseguido 'un reconocimiento internacional'. No obstante, dejan claro que les resulta imposible competir con los dos grandes gigantes del sector: Estados Unidos y Japón. Aunque, como afirma Biern, si no se puede competir en dinero, 'siempre quedarán las ideas y la creatividad'.