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Díez-Alegría, un profeta del siglo XX comprometido con la libertad de conciencia

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El sacerdote y teólogo José María Díez-Alegría, quien ha fallecido hoy a los 98 años, fue "un profeta del siglo XX", que se comprometió con la libertad de conciencia del ser humano, a la vez que fue "profundamente crítico" con la Iglesia católica.

Así le describen en declaraciones a Efe el jesuita Pedro Miguel Lamet, quien recogió en un libro la vida y pensamiento de Díez-Alegría, y el teólogo Juan José Tamayo, que ha asegurado que las convicciones de este sacerdote asturiano estaban "por encima de las leyes eclesiásticas que no le permitían expresarse con libertad".

Como rasgo fundamental de Díez-Alegría, Lamet ha destacado que fue "profundamente crítico" con la Iglesia, a pesar de que fue "enormemente fiel" a su pertenencia.

Ha recordado que el teólogo asturiano criticaba a la Iglesia porque consideraba que ésta había "traicionado", con su doctrina de la propiedad privada, el pensamiento de Jesucristo, quien "defendía la igualdad y la fraternidad".

A pesar de que no era marxista, compartía con Karl Marx la idea de que la religión es el opio del pueblo porque "se traducía en culto y no en compromiso con los más pobres".

"Era un hombre sencillo, profundamente humano, cordial, y sobre todo, un profeta del siglo XX que defendió la justicia social y se comprometió con la libertad de conciencia del ser humano", ha opinado Lamet.

Esta opinión ha sido compartida también por Tamayo, quien ha considerado a Díez-Alegría como un "maestro" porque "le ayudó a salir del nacionalcatolicismo y entrar en el pensamiento critico y en la militancia progresista".

Ha afirmado que fue "un crítico empedernido" de la estructura piramidal de la Iglesia católica, y que, precisamente por eso, "era incomodo al aparato eclesiástico".

De hecho, durante la década de los setenta, abandonó la Compañía de Jesús para dedicarse a trabajar junto al jesuita padre Llanos en la zona madrileña de Vallecas, en concreto, en el Pozo del Tío Raimundo.

"Es muy difícil encontrar una persona de tal calidad humana, de tal coherencia ética y con el compromiso social, es un hombre irrepetible", ha señalado Tamayo, quien ha recordado que Díez-Alegría se definía en los últimos años como "un okupa del universo" al considerar que a sus más de noventa años ya había cumplido su cometido.

A juicio de Tamayo, fue un hombre que "siempre fue por delante": "caminaba diez, quince, veinte años por delante del resto".