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El difícil matrimonio de salarios y precios

Sindicatos y economistas discrepan sobre la vía para actualizar los sueldos. La productividad es en muchos casos intangible

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La visita de la Canciller alemana, Angela Merkel, hace un par de semanas despertó la disputa que recurrentemente brota entre los empresarios, economistas y sindicalistas españoles sobre cómo actualizar los salarios. Aparentemente, Alemania quiere forzar al resto de los países del euro a desligarse de la inflación (mucho más alta de forma crónica en los países del mediterráneo que en los centroeuropeos) como medida competitiva para moderar los salarios.

La idea llegó en bandeja de plata para que el Banco de España, un defensor a ultranza de esta posición, y algunos empresarios, de forma más velada, volvieran a pedir un cambio en el sistema de negociación colectiva que dicta cómo formar los salarios en las empresas. Los sindicatos rechazan de plano esta sugerencia negando la mayor. En su opinión, que los trabajadores pierdan poder adquisitivo sería un lastre para la economía ya que reduciría el consumo interno. Además, la competitividad vía mano de obra barata no es la vía preferente de cambio de modelo productivo por la que debe transitar España.

La productividad ya estaba incluida en los acuerdos de años anteriores

El ministro de Trabajo, Valeriano Gómez recordó esta misma semana que el mecanismo español de actualización de precios ya contemplaba la productividad. Los Acuerdos de Negociación Colectiva (ANC), que patronal y sindicatos firmaron de forma consecutiva entre 2002 y 2008, habían creado un mecanismo de evolución salarial acorde a varios principios. El primero, al 'objetivo' de inflación del Gobierno, que durante la bonanza se asumió como el 2% que a su vez marca el Banco Central Europeo (BCE). Cuando en 2009 la inflación comenzó a caer por debajo de este nivel, la patronal cuestionó la referencia de este baremo.

En segundo lugar, los ANC recogían la necesidad de hacer 'incrementos superiores a la inflación prevista dentro de los límites derivados del incremento de la productividad'. Pero, además, y en aras de mantener el compromiso de moderación salarial, los sindicatos habían incluido la necesidad de 'mantener o crear' el empleo en las empresas.

El acuerdo trianual (2010-2012) que rige en la actualidad, simplificó el modelo dejando sólo la inflación como referencia para la mejora de los salarios. El nuevo modelo se materializó así porque en él se recoge una subida de precios muy moderada. En 2010, los convenios que se hubieran negociado bajo este paraguas habrían admitido una subida del 1%, cuando la inflación cerró el año en el 1,8%. Para este ejercicio, la subida pactada es de entre el 1% y 2%. Al final de los tres años se contempla la posibilidad de recuperar el poder adquisitivo perdido.

Para este año, los sueldos deben subir entre un 1% y un 2%

Introducir la productividad en esta ecuación podría haber ido en contra de los intereses patronales. En los primeros golpes de la recesión, la caída del empleo provoca una subida de la productividad aparente que terminaría incrementando los costes salariales. Así, si en el primer trimestre de 2009 la productividad por trabajador, según datos del INE, estaba en el 2,9%, un semestre después había escalado hasta el 3,6%.

Además, algunas empresas o sectores hacen sus propias mediciones de productividad, pero hay muchas actividades para las que este cálculo sería muy difícil. ¿Cómo calcular la productividad de un periodista? ¿Y la de diseñadores u otras profesiones creativas?

La posibilidad de que la productividad se entienda en función del incremento de los beneficios de la empresa también se ha descartado en España. Esta es otra opción que sí se utiliza en algunas empresas europeas, pero la fuerte subida de los beneficios en determinados sectores (en la banca en épocas de bonanza, las ganancias crecían al ritmo del 30%) ha eliminado esta posibilidad. Por eso, patronal y sindicatos son partidarios de no plantear cambios al modelo actual, al menos hasta el final del acuerdo vigente en 2012.