Publicado: 22.11.2014 00:00 |Actualizado: 22.11.2014 00:00

Dime cómo vistes y te diré de qué partido eres

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María Teresa Fernández de la 'Vogue'. Así llegaron a llamar a la ex vicepresidenta del Gobierno socialista. Ha pasado ya más de una década desde que las ministras de Zapatero salieron en la portada de la tradicional —y casi mítica— revista femenina enfundadas en distinguidos trajes de diseño. Míticas fueron también las "pasiones" que levantaron. Allá por el 2004 la polémica estaba servida. A muchos les chocó ver a mujeres socialistas posar cual modelos en una publicación de tintes conservadores. Fueron tachadas de frívolas y criticadas también por llevar pieles en el reportaje, pero sobre todo se les señaló por ser de izquierdas, algo que no cuadraba.

Los políticos están a merced de la opinión de todos. Sus movimientos, comentarios y estilismos son examinados con lupa. La pasarela pública es de lo más variopinta, y va desde la ropa de "supermercado" de Pablo Iglesias, pasando por las chupas de cuero de Trinidad Jiménez y las camisetas reivindicativas de Mónica Oltra. Ante este panorama la cuestión es clara, ¿qué intentan transmitir con sus estilismos? ¿Luce o debe lucir igual un político de izquierdas que uno de derechas? ¿La ideología condiciona su look?

Los polos, las camisas de marca, los mocasines, el pelo engominado o los jersey anudados al cuello han sido tradicionalmente monopolio de los miembros del Partido Popular. Mientras que la pana, el vestir más informal y la costumbre de no usar corbata ha sido el estereotipo de la progresía. Pero ¿se siguen vistiendo los políticos de manera diferente dependiendo el "color de su partido" o existe un patrón de vestimenta común?

Sólo desde el Partido Popular reconocen asesorar a sus miembros, "a la hora de asistir a algún mitin o tertulia televisiva" y aunque puntualizan que los estilistas que tienen algunos miembros son personales, afirman tener un "departamento de fotogenia" encargado de esta misión. Por su parte, fuentes del PSOE aseguran que "Pedro Sánchez sigue vistiendo como siempre lo ha hecho, es parte de su naturalidad, y nadie le asesora".

Desde el PP reconocen tener un "departamente de fotogenia" encargado de asesorar a sus miembros

Antoni Gutierrez- Rubí, asesor político, habla de un proceso de mimetización estilística; "El dime cómo vistes y te diré de qué partido eres antes funcionaba pero esto ha ido cambiando. El estilismo es cada vez más transversal y se desdibujó ideológicamente en un interés por acercarse al centro y parecer más moderados".

"A veces parece que se "premia" el borreguismo estilístico asegura Patrycia Centeno, autora del libro Política y Moda. La periodista opina que en este proceso de "mimetización estética" ha sido el Partido Socialista" el que más ha "perdido", aunque reconoce que ahora Pedro Sánchez intenta —luciendo sencillas camisas blancas con el cuello abierto— diferenciarse algo de los populares.

"El dime cómo vistes y te diré de qué partido eres antes funcionaba pero esto ha ido cambiando

Dejar atrás estos estereotipos y acercarse al centro incluso a la hora de vestir parece ser el objetivo del eje bipartidista patrio. La estética política se torna actualmente cada vez más difusa, "nadie quiere definirse" asegura la periodista especializada en moda y política. Por su parte, la juventud de los partidos tradicionales optan por lo que algunos expertos han denominado estilo "hippie-chic", que consiste en combinar prendas clásicas con otras más modernas como los fulares al cuello, la media melena en las mujeres o el simple hecho de no llevar corbata.

Coherencia reivindicativa

La coherencia imagen-ideología para algunos expertos como Gutiérrez-Rubí es crucial , ya que un político no debe seguir un patrón pero sí debe ser coherente a la hora de vestir con su ideología ya que su ropa es un "elemento más de la comunicación". La puesta en escena de nuevas formaciones —como Podemos o las CUP—, que buscan sobre todo diferenciarse, ha hecho que la vestimenta cobre en ellos un valor añadido —y en ocasiones reivindicativo— que parecía olvidado. Estas jóvenes formaciones quieren huir de los formalismos instaurados convirtiendo su estética en un elemento comunicativo más.

Mònica Oltra se ganó a pulso el apodo de "Lady Samarreta" haciendo de ellas su prenda fetiche

La famosa camiseta con la foto de Camps junto a un "se busca" fue la primera, de las muchas con mensajes reivindicativos que vendrían. La portavoz de la formación valenciana Compromís es un claro reflejo de esa nueva generación de políticos que busca desmarcarse del resto. Mònica Oltra se ganó a pulso el apodo de 'Lady Samarreta' (camiseta en valenciano) haciendo de ellas su prenda fetiche. "Las camisetas las comprábamos, pensábamos las frases, comprábamos un básico y las mandábamos a hacer, así empezó todo", aclara Oltra.

La política dice que la idea surgió casi por necesidad, sin ninguna estrategia de marketing detrás, ya que los continuos plantones de Camps en Les Corts eran ya "una provocación constante" y cuenta que pensó, "si no me dejas hablar, no me vas a callar, podría haber elegido un cartel, pero la ropa es siempre algo que haces como muy tuyo, y muy personal", concluye.

Otras mujeres como Rosa Díez, señala Rubí, utilizan su look en actos públicos como "estrategia para llamar la atención y conseguir notoriedad". Por su parte, la autora de Política y Moda opina que aunque no sea "santo de su devoción", Esperanza Aguirre sabe muy bien "para qué público se arregla".

"Cuando hablo si un candidato viste bien, lejos del me gusta o no me gusta subjetivo me refiero a que si es coherente o no", asegura Patrycia, que sitúa a Xosé Beiras como uno de los políticos que mejor viste en España. Si se tiene en cuenta que la comunicación no verbal es crucial dentro del mensaje, Centeno destaca también la importancia de que un líder refleje "lo que piensa, lo que vive y lo que es", ya que si su mensaje va por un lado y el no verbal por otro, esto puede ser "fatídico" para el político. "Con la palabra es muy fácil mentir pero con la ropa, prácticamente imposible", concluye.