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La dimisión que puede cambiar la política europea

La salida de Jürgen Stark debería suponer un punto de inflexión en la forma de actuar del Banco Central Europeo

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Es el final del BCE tal y como lo conocíamos hasta ahora'. Así resumía ayer Financial Times Deutschland las consecuencias que va a tener para la economía europea la dimisión del economista jefe del Banco Central Europeo, Jürgen Stark. Era la persona que ponía la voz de Alemania en una institución que hasta ahora funcionaba a imagen y semejanza del Bundesbank germano. Vivía por y para la inflación, como mandan los cánones en Alemania, donde siguen atemorizados por las consecuencias que la desmedida subida de precios provocó en el país tras la II Guerra Mundial.

Es el mandato que Europa dio a la entidad cuando se creó la zona del euro y esta se había limitado a cumplirlo, por mucho que ello supusiera matar el crecimiento económico de la región. Para seguir esta orden, llegó incluso a subir los tipos de interés en julio de 2008 cuando la crisis financiera arreciaba y los países miembros ya estaban en caída libre (sólo dos meses después quebró Lehman Brothers). El crecimiento no importaba, lo que había que controlar era que los precios no se desmadraran. Aún hoy, hay quien defiende aquella medida porque era la obligación de la institución.

El comportamiento de la institución debería tender a parecerse más a la Fed de EEUU

Con la salida de Stark, este modo de actuar del BCE podría haber terminado para dar lugar a una institución más comprensiva con los problemas de todos los países de la región y no sólo con los más grandes. Y podría acercarse, dicen los expertos, más al modo de actuar de la Reserva Federal de Estados Unidos, que se centra más en el crecimiento y en los estímulos económicos, lo que ha permitido que sus tipos de interés lleven varios años prácticamente en el 0%, mientras en Europa nunca bajaron del 1% y ya han empezado a subir.

El próximo presidente del BCE, que sustituirá en noviembre a Jean-Claude Trichet, ya no será Axel Weber (expresidente del Bundesbank), como se había planeado durante años. Y tampoco estará Stark para defender la ultraortodoxia alemana, que no ha podido soportar que el BCE se haya lanzado a la aventura de comprar bonos de los países en problemas, especialmente de España e Italia. Por tanto, esa tendencia a cuyos miembros se conoce como halcones ha perdido, de momento, la batalla en la institución, en favor de las palomas, menos preocupadas por la inflación y más por el crecimiento y por acabar con la crisis de deuda. Más cercanas a la Fed, en definitiva.

La cuestión es a cuál de los dos grupos pertenece Angela Merkel, que ha actuado como gran halcón, pero que también ha ido cediendo poco a poco (aunque poniendo mil y un problemas) para rescatar a Grecia y para que se compren bonos de deuda en el mercado secundario para reducir los ataques contra los países de la periferia. Para los defensores a ultranza de la ortodoxia, la postura actual de Merkel es muy de paloma y sería una de las razones que ha precipitado la salida de Stark. La canciller ha propuesto para sustituirle al secretario de Estado de Finanzas, Jörg Asmussen. Como uno de sus hombres de confianza (pese a pertenecer al partido de la oposición SPD), se supone que será proclive a la compra de bonos y su nombramiento servirá para apaciguar la crisis institucional que se ha instaurado en el BCE. Otra cosa es que tanto Merkel como Asmussen sean halcones de corazón y quieran imponer en el futuro, cuando no estén tan obligados por las circunstancias, una política similar a la que defendía Stark.

Se espera que el BCE continúe con la compra de bonos y nazcan los eurobonos

De momento, lo lógico (dados los últimos acontecimientos) es que sigan los pasos de la política que en los últimos meses ha logrado imponer Trichet de más intervención en el mercado (compra de bonos) y menos dejar que opere libremente el capital. La heterodoxia. Esa tendencia debería mantenerse con la llegada de Mario Draghi a la presidencia en noviembre, ya que como italiano se espera que se comporte más como paloma que como halcón, y más ahora que su país está entre los más perjudicados por la crisis de deuda soberana y, por tanto, por la crisis económica. Eso debería conllevar, además, la emisión en un futuro no muy lejano de los eurobonos, una figura a la que los ultraortodoxos también se han negado porque creen que con ellos se socializan los problemas y las dificultades de un país pueden arrastrar a toda la zona del euro.

Para los ciudadanos, una política más heterodoxa debería suponer que la crisis de deuda amaina con la compra de bonos (o al menos no arrecia más), con lo que se aleja el riesgo de rescate de la economía española e italiana. Y, además, debería suponer una política de tipos de interés más laxa, es decir, que se acabaron las subidas hasta que el crecimiento económico de toda la región gane de verdad dinamismo, y que incluso puede haber bajadas para impulsar el crecimiento. Las hipotecas de los endeudados españoles lo agradecerían en un momento como el actual.

Los ciudadanos podrían disfrutar ahora de tipos de interés más bajos que alivien sus hipotecas

Para Alejandro Inurrieta, economista jefe del Instituto de Estudios Bursátiles, la repercusión que la dimisión de Stark tuvo el viernes en las bolsas (las europeas cayeron más de un 4%) 'es la señal inequívoca de que los mercados descuentan que va a haber un giro en la política económica del BCE, que se va a continuar con la compra de deuda pública hasta que entre en funcionamiento el mecanismo de los eurobonos'. A su juicio, Stark había frenado esa opción porque entendía que la adquisición de deuda soberana significaba 'la entrada en el BCE del virus que está afectando a todo el sistema financiero europeo'. A partir de ahora, explica el economista, el BCE seguirá con la compra de deuda, por mucho que esa solución no arregle prácticamente nada.

La compra de bonos parece, por tanto, asegurada y se allana el camino para los eurobonos, pero quizá el primer reto que tenga que afrontar este nuevo BCE es la tendencia de los tipos de interés. El mercado reclama bajadas (y los ciudadanos de a pie las aplaudirían más aún). En la reunión de primeros de octubre, si las circunstancias no obligan a hacerlo antes, se verá cuál de las facciones tiene más peso.