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La dimisión de Saad Hariri perpetúa la crisis en Líbano

Es probable que el presidente Michel Suleyman vuelva a designar al suní para que trate de formar otro gobierno de unidad

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El primer ministro designado de Líbano, el suní Saad Hariri, tuvo que dimitir ayer, aunque muchos expertos señalan que es probable que el presidente Michel Suleyman vuelva a designarlo para que trate de formar, por segunda vez, un gobierno de unidad, un objetivo que no ha logrado en los últimos 73 días.

Esta dimisión extiende indefinidamente una crisis que nadie recuerda cuándo comenzó exactamente, aunque algunos la retrotraen a 2006, cuando los ministros chiíes dimitieron en bloque porque el líder de Hizbulá, Hasan Nasralá, consideraba que el Ejecutivo no defendía los intereses de sus seguidores.

Hariri fue el gran vencedor de las elecciones del 7 de junio, en las que su coalición prooccidental obtuvo 71 de los 127 escaños en liza, mientras que la oposición consiguió 57. Las peculiaridades del país hacen inviable que haya un gobierno que no sea de unidad, y la unidad se ha revelado como una quimera irrealizable.

El lunes, Hariri se presentó en la residencia de verano de Suleyman con una lista de 30 ministros: 15 pertenecían a su coalición, diez a la oposición aliada de Siria e Irán y los cinco restantes los elegía el propio presidente entre políticos independientes.

Fue una acción unilateral y desesperada de Hariri, que la oposición calificó de 'imposición'. Aunque las dos partes estaban de acuerdo en el número de carteras que correspondía a cada una de ellas, no coincidían en los nombres de varios futuros ministros, especialmente en el titular de Telecomunicaciones.

El asunto no es banal porque Telecomunicaciones tiene que mover fortunas en el campo de sus amplias competencias, incluidas las de la telefonía móvil. La oposición exige que esa cartera sea para el cristiano Gebran Bassil, yerno de Michel Aoun, el líder del sector cristiano aliado de Hizbulá, pero Hariri rechaza esta opción.