Publicado: 09.04.2014 07:00 |Actualizado: 09.04.2014 07:00

La dirección palestina mantiene viva la farsa de las "negociaciones"

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En las tres reuniones que han celebrado en la última semana representantes israelíes y palestinos sólo se ha hablado de las condiciones que exigen ambas partes para volverse a sentarse en la mesa de "negociaciones" y reactivar un proceso que sigue estancado, mientras Israel aviva el ritmo en sus construcciones en territorios ocupados.

El marco de "negociaciones" ha fracasado y no tiene ningún sentido que los palestinos se avengan a continuar con un formato que una vez tras otra se ha revelado como un simple juego en las manos de Israel y ha llevado los territorios ocupados a una situación insostenible, convirtiendo al presidente Mahmud Abás en un muñeco al que se manipula como se quiere y que sigue sin irse a casa después de una década estéril en el cargo.

El mayor error de Ramala es exigir la liberación de un puñado de prisioneros y no la congelación de las construcciones en territorios ocupados

El mayor error de la dirección de Ramala, que para más inri es reincidente, es exigir a Israel la liberación de un puñado de prisioneros en lugar de demandar la congelación completa de la construcción en los territorios ocupados. Los israelíes remolonean un poco, pero al fin y al cabo no tienen ningún problema en ir liberando a los prisioneros a cuenta gotas, entre otras cosas porque enseguida vuelven a llenar la cárceles, y este toma y daca les permite construir a su antojo en Jerusalén y el resto de Cisjordania.

Es patético observar la impotencia de los dirigentes palestinos. Según uno de ellos, Mohammed Shteyeh, que ha participado en las "negociaciones" con Israel, la liberación de una treintena de prisioneros es "imprescindible" para seguir "negociando".

Shteyeh se refiere así a la última de las cuatro tandas de prisioneros que tenían que haber salido a la calle el 29 de marzo, según lo acordado en julio.Pero lo más sorprendente es lo que dice Shteyeh a continuación: "En los últimos días hemos recibido muchas cartas de prisioneros que nos dicen que están dispuestos a continuar en la cárcel, y que lo realmente importante es avanzar en la dirección del estado palestino". Pues bien, esto es justamente lo que no está haciendo la dirección de Ramala.

Al ver que esta situación se ha ido repitiendo de la misma manera en las últimas dos décadas, es justo sospechar que la dirección palestina se presta voluntariamente a la farsa de "negociar" y "negociar" dejando que Israel siga expandiendo la ocupación por todas partes, y que carece de un plan para decir basta. Y este mecanismo funciona de manera excelente, porque se engrasa generosamente con la ayuda millonaria de la Unión Europea, que con sus euros ha creado una situación artificial en Cisjordania, donde no se permite la disidencia pero las cárceles están llenas de disidentes, y donde se denuncia que la tortura y los malos tratos son pan de cada día bajo la supervisión, eso sí, de las agencias estadounidenses y europeas.

Si este polvorín estalla, lo que puede ocurrir en cualquier momento, vendrán las lamentaciones y las declaraciones compungidas de Catherine Ashton y los grandes paladines de la democracia: Merkel, Cameron, Hollande y compañía, aunque sería injusto atribuirles solamente a ellos la responsabilidad, teniendo en cuenta que sus antecesores obraron de la misma manera.

Netanyahu es quien fija las reglas del juego mientras Ashton, Kerry y demás le ríen las gracias en silencio, al tiempo que ignoran las leyes internacionales.

Hace solo unos días, cuando se desencadenó la última crisis, Ashton reafirmó el apoyo de la UE al secretario de Estado John Kerry. Ahora bien, resulta que Kerry ha dicho que las cosas no dependen de él y que poco se puede hacer en las circunstancias actuales.

Así, mientras Washington formula declaraciones optimistas, la prensa americana ha informado que en privado Kerry atribuye la responsabilidad del último fracaso al primer ministro Binyamin Netanyahu, aunque lógicamente Kerry no tiene ninguna capacidad de maniobra.

El domingo, durante el consejo de ministros, Netanyahu declaró sin tapujos que no habrá estado palestino si no es a través de una negociación con Israel. En otras palabras, Netanyahu es quien fija las reglas del juego mientras Ashton, Kerry y demás le ríen las gracias en silencio al tiempo que ignoran las leyes internacionales.

Dependiendo de quién hable, se puede sacar una impresión u otra de las "negociaciones" de estos días para prolongar las "negociaciones" cuyo periodo expira el 29 de abril. Así, el jefe negociador palestino Saeb Erekat ha dicho que ahora se discute la liberación de una treintena de presos, la congelación de los planes de construcción aprobados por Israel en los últimos ocho meses y parar la solicitud de admisión de los palestinos a una quincena de tratados y convenciones de la ONU.

Ahora bien, las declaraciones de Erekat deben interpretarse como de consumo interno palestino, puesto que nadie en su sano juicio puede pretender que Israel detenga la construcción de las 10.890 viviendas que ha aprobado desde julio, a menos de que haya una fuerte presión de la comunidad internacional, algo que ni Ashton ni el resto de los paladines democráticos occidentales han considerado nunca.

Pero por pedir que no quede, de manera que según otras fuentes los palestinos también piden que Israel reabra sus oficinas en el sector ocupado de Jerusalén y el fin de las incursiones que el ejército israelí lleva a cabo a diario en los territorios ocupados.

Se trata siempre de peticiones de consumo interno que no tienen ninguna posibilidad de prosperar. Así que suena cómico escuchar de Mohammed Shteyeh comentarios como el siguiente: "Esta es la última oportunidad. Israel tiene que aclarar antes del 29 de abril si tiene una política para acabar con la ocupación". Son declaraciones que una vez más se dirigen al consumo interno de los palestinos corrientes, y que parecen destinadas a justificar la continuación en el poder de una dirección impotente que ha complicado enormemente la situación del conflicto en la última década.