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Discordia en la UE sobre la estrategia para Copenhague

Los Veintisiete seguirán discutiendo hoy su contribución económica a la mitigación del cambio climático

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Los Veintisiete consumaron ayer su división anunciada sobre la lucha contra el cambio climático. Al igual que ya han hecho EEUU, China, India o Brasil, los jefes de Gobierno de la Unión Europea prefirieron guardar sus cartas de cara a la cumbre de la ONU que en diciembre debería pactar, en Copenhague, un acuerdo internacional para frenar el calentamiento global. La estrategia no es premeditada, sino que responde al bloqueo de nueve países del Este, liderados por Polonia, muy escépticos sobre la aportación económica europea al crecimiento limpio de los países en desarrollo.

El primer ministro sueco y presidente de turno de la UE, Friedrik Reinfeldt, pidió ayer 'un mandato claro' a los líderes de la UE para 'mantener el liderazgo mundial en la lucha contra el cambio climático'. Sin embargo, la reticencia de los países del Este, altamente contaminantes, a fijar una cifra ha dejado a Reinfeldt sin su objetivo.

El conocido como Grupo de los nueve reclama que, en tiempos de crisis, el criterio para repartir la factura comunitaria debe priorizar la riqueza del país y no sus emisiones de CO2. El equilibrio entre estos dos principios es considerado como básico también en las negociaciones de Copenhague y condiciona el compromiso económico mundial contra el calentamiento. A la entrada de la reunión, el primer ministro polaco amenazó con que, si Europa no es solidaria con los miembros de la ampliación, los países del Este harán sus propias propuestas en Copenhague.

Al cierre de esta edición, el último borrador de conclusiones escondía el fracaso interno con un reproche hacia el exterior. 'El compromiso de la UE, por sí solo, no será suficiente', según el texto. 'Otros países desarrollados deben demostrar su liderazgo', continuaba, en una probable referencia a EEUU, donde Barack Obama no ha logrado tampoco consenso interno.

La UE calcula que, a la altura de 2020, los países en desarrollo deberían recibir 100.000 millones de euros al año para fomentar el crecimiento verde y no contribuir, como lo hicieron los países industrializados durante décadas, al calentamiento global. La Comisión Europea propuso el mes pasado que los Veintisiete contribuyan hasta con 15.000 millones, mientras que Reino Unido rebaja la cifra hasta los 10.000.

La presidencia sueca de la UE ha prometido, hasta ahora con escaso éxito, 'un ajuste para tener en cuenta la capacidad de pago' de los países del Este en caso de que el negociador europeo sólo sea capaz de lograr un acuerdo en Copenhague en el que pese considerablemente más el volumen de emisiones que la riqueza del país.

Las discusiones, definidas ayer por la noche como 'duras y muy complicadas' por fuentes de la presidencia sueca, continuarán durante el día de hoy.