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Un documental grabado con móvil ofrece un atisbo de Teherán

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Cuando Sepideh Farsi conoció las restricciones de las autoridades iraníes a que rodara una película en Teherán durante la campaña electoral de este año, echó mano de su teléfono móvil.

Usando sólo un Nokia N95 con cámara, deambuló por las calles durante un mes grabando conversaciones con taxistas, mujeres en peluquerías, actores, ilusionistas y jóvenes inquietos en cafeterías.

El resultado es un documental fascinante sobre la vida en la multitudinaria y contaminada capital de un país sometido a sanciones internacionales por sus ambiciones nucleares y que está pasando por el peor descontento desde la revolución islámica de 1979.

Farsi dirige las conversaciones y pasó seis meses editando el material. El resultado, "Tehran Bedoune Mojavez" (Teherán sin permiso), un conjunto de imágenes ligeramente granuladas que funciona en la gran pantalla y con el que emerge una imagen furtiva de la vida.

El fácil uso y la discreción que ofreció el teléfono móvil hicieron que la gente aceptara más hablar, dijo Farsi esta semana en el Festival Internacional de Cine de Dubai, donde se mostró el documental.

"El teléfono es tan banal que la gente habla más y da más intimidad'', dijo. ''Una cámara siempre intimida. Hay un micrófono y una luz, y una gran distancia entre el que rueda y el que es grabado. Pero aquí, la distancia se reduce al mínimo''.

Ante la represión gubernamental de los medios de comunicación, los simpatizantes de la oposición tomaron las calles para protestar contra la reelección del presidente Mahmud Ahmadineyad, los iraníes usaron las cámaras de los móviles para subir imágenes a portales como Twitter y YouTube.

HISTORIAS DE LA CALLE

Farsi, que dejó Irán en 1980 y vive en Francia, oye historias sobre el estado de la sociedad iraní actual que según ella explican mucho las protestas. Se calcula que alrededor de dos tercios de sus 70 millones de habitantes tiene menos de 30 años.

En el documental, las mujeres hablan de la moda de las operaciones de cirugía estética, tatuajes y otros adornos, incluso entre las adolescentes. Los jóvenes se quejan de la extensión de las drogas, el alcohol y de la prostitución en la sociedad a pesar del estricto código moral que impone el sistema clerical.

Uno de ellos, grabado en un lugar oscuro para mantener el anonimato, dice que los que están en el poder prefieren esta situación y que la sociedad se ha vuelto muy materialista.

El documental lleva música de raperos populares como Hichkas y otro que señala el descontento postelectoral. También se encuentra con ilusionistas callejeros y actores teatrales que se quejan de que nadie tiene tiempo para esas tradiciones, ante el predominio de la cultura del DVD y la televisión por satélite.

"Quería hacer algo sobre el arte callejero y el clandestino. Al final, traté de hacer un 'collage' de la ciudad, para enseñar diferentes aspectos de Teherán que están desapareciendo, como el teatro'', dijo Farsi, que hace películas desde 1993.

"No pretendo contarlo todo, sólo dar una sensación de la ciudad".