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El dolor regresa a Ifema

El pabellón 6, el mismo que en el 11-M, fue el lugar encargado de acoger a los fallecidos

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El primer féretro entró en el recinto de Ifema a las 18.30 de la tarde. Lo hizo por el acceso Este, donde la Policía Municipal había desplegado un dispositivo entre los pabellones 6 y 8. Fue el único hecho que perturbó un lugar silencioso, poblado de hangares vacíos.

Minutos antes, los efectivos de Seguridad habían acordonado la zona, plantándose en los pabellones 10 (destinado a la recepción de familiares) y 6 (para las víctimas mortales y los médicos forenses). Todo estaba previsto para convertirse en una morgue que evocaba el 11-M; también entonces se asignó el número 6 a los fallecidos.

Los primeros familiares, una pareja de mediana edad y un joven, llegaron en taxi tras el primer féretro, en el limbo entre el ansia de saber y el horror de intuirlo. Fue la primera gota de un aluvión de coches particulares repletos de miradas perdidas, que se perpetuó a partir de las 19.30 horas. Precisamente, en ese momento entraron cinco furgones funerarios.

El recinto permaneció blindado durante toda la tarde. Las naves que otrora albergaron ferias internacionales encerraban ahora los rostros desencajados y los abrazos de dolor de los familiares que iban llegando, sin bajar de los coches, taxis o servicios fúnebres.

Para asistirlos, se dispusieron cuatro salas, divididas en orden alfabético. En ellas, trabajó un equipo de 80 profesionales, entre 11 trabajadores sociales del Samur y 14 psicólogos del Ayuntamiento de Madrid, 25 (entre psicólogos y trabajadores sociales) del Samur Social y 30 psicólogos de Madrid Social.

Pasadas las 21 horas, un portavoz del Ayuntamiento, acompañado por un miembro del Samur, informó del procedimiento de identificación de cadáveres, idéntico al seguido en el 11-M. Más de una treintena de familias afectadas esperaba noticias.

'Cada familia elige un portavoz, que describe a su pariente ante el psicólogo y los médicos forenses. Posteriormente, se procede a la analítica y a la identificación', precisó la fuente municipal. La tarea era ardua, ya que la mayoría de los cuerpos quedaron carbonizados, motivo por el cual también se desplazaron al pabellón diez policías especialistas en el análisis de ADN. En ese momento ya habían entrado más de 40 furgones funerarios.

Entre los coches que se acercaban al recinto, también figuraban los de algunos voluntarios. Precisamente, en el 11-M fue la Facultad de Psicología la que organizó un grupo de terapia para asistir a los parientes y amigos de las víctimas.

Como hace cuatro años, la solidaridad con los afectados no tardó en notarse. Spanair, la compañía del vuelo siniestrado, puso a disposición de los familiares el hotel Auditorium, una iniciativa a la que también se sumó la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid (AEHM), que coordinó la acción con el Ayuntamiento de Madrid.

Hermetismo

Un férreo control policial en todas las puertas de acceso a Ifema, que se extendía por el interior de los recintos feriales, impedían a la prensa captar las escenas más desgarradoras. La puerta Este, asignada al ingreso de familiares, fue recibiendo coches durante toda la noche.

Algunos afectados entraban por su propio pie, como una pareja vestida con trajes muy formales, pero que rehusó hacer declaraciones.
Los únicos que hicieron comentarios sobre el accidente fue un grupo de personas que se agolpó en el acceso Sur de Ifema: 'Esto es un horror', comentaba una mujer. Esa era la frase más pronunciada a las puertas de una morgue improvisada para 153 cadáveres, llena de coches policiales, sirenas, Samur y rostros desencajados, que recordó fatalmente a la tragedia del 11 de marzo de 2004.