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Dolores Long: "Nunca creyeron que su esfuerzo fue en vano"

Esta activista social e hija de un brigadista defiende la memoria republicana.

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A Dolores Long siempre le hacen la misma pregunta. ¿Por qué tienes un nombre tan raro? Con frecuencia, de niña, se reservaba la verdad y respondía que se llamaba como una estrella de cine. En su barrio obrero de Manchester, en la década de 1940, pocos vecinos habían oído hablar de la Guerra Civil y menos aún sabían quién era Dolores Ibarruri. También ella tardó en comprender el espíritu revolucionario de sus padres, el brigadista Sam Wild, último líder del Batallón británico de las Brigadas Internacionales, y Bessie, activista del Comité de Ayuda a la España republicana. No obstante, con 15 años, tomó conciencia de su herencia política y, desde entonces, lucha en defensa de la democracia y la justicia social. Nos lo explica en una entrevista en su casa de Manchester.

¿Le hablaron sus padres de la Guerra Civil?

No tenían tiempo. Estaban siempre en mítines políticos o de campaña con el Partido Comunista. De niña me resultaba difícil la situación en casa. Mi familia era diferente a las de mis amigas y yo quería normalidad. Con 14 años empecé a leer y a asistir a debates. Comprendí entonces el significado de la Guerra Civil y me di cuenta del tremendo valor de los voluntarios que, como mi padre, lucharon en España por la democracia a sabiendas de que podían morir.

¿Cómo asimilaron la derrota republicana?

Nunca creyeron que su esfuerzo fue en vano. Se sentían inmensamente orgullosos de haber luchado por sus creencias y principios. Eran gente obrera, sin educación, cuyo instinto les hizo darse cuenta de que el fascismo era una amenaza para toda Europa, no sólo para España. Estaban convencidos de que, con el apoyo del Gobierno británico, se hubiera evitado la II Guerra Mundial.

¿Concluyó la campaña al retornar de España?

Al desbandar su batallón, en diciembre de 1938, mi padre les dijo: 'Dejamos España, pero la lucha continúa en otros frentes'. Los brigadistas siguieron involucrados, hasta el final de sus vidas, en campañas por la justicia y democracia. Cumplieron su promesa.

¿Ha heredado el espíritu combativo de sus padres?

Fui absorbiendo las ideas izquierdistas de mis padres sin apercibirme de ello. Me sumé a la Campaña por el Desarme Nuclear, participé en movilizaciones contra la guerra de Vietnam, el Frente Nacional, el racismo, la desigualdad social Mi madre también fue una excelente modelo. Era feminista sin saberlo: madre, trabajadora y activista política. De ambos aprendí que el mundo está conectado y que los problemas de un país repercuten en los demás.

¿Sigue la memoria de la Guerra Civil presente en las jóvenes generaciones?

Sí, los hijos y nietos de los brigadistas no quieren olvidar la Guerra Civil. Es mi historia tanto como de mi padre. Fundamos la asociación Amigos de las Brigadas Internacionales, que dio paso a la International Brigades Memorial Trust, con más de 700 miembros. La lucha por la democracia es tan importante hoy como en los años treinta. Los es-cenarios cambian de España a Suráfrica, Chile o Afganistán pero las cuestiones perduran. Lo importante es mantener la conexión entre la Guerra Civil y los problemas de cada momento. No hemos de caer en la nostalgia histórica. Es necesario, por tanto, mantener las políticas relevantes en los tiempos actuales y, hoy en día, Israel y Palestina son problemas que nos afectan a todos.