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"La dominación y la hegemonía que marcaron el capitalismo en el pasado deben cambiar"

Gilberto Gil. Músico y ex ministro brasileño. A punto de cumplir un año fuera de la política, vuelve a España a ofrecer dos conciertos en Madrid y Granada

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Vuelve a la normalidad de la canción. Está de regreso a la calma cotidiana después de invertir cinco años y medio en el Ministerio de Cultura de Brasil, aunque no se atisban cambios sustanciales en la personalidad de Gilberto Gil. Con voz serena, el músico bahiano responde que no, que la labor política no le ha hecho ver la vida con ojos distintos. Que Gilberto Passos Gil Moreira (Salvador de Bahía, 1942) sigue siendo ese ser humano alegre y jovial, reflexivo y optimista, que fue siempre. El hombre que cantó su locura por América está de vuelta.

El próximo domingo abrirá una visita doble a España con sendos conciertos en Madrid y, el lunes, en Granada. 'Ya tenía ganas de reencontrarme con mi público de siempre'.

Gil atiende con puntualidad parlamentaria la llamada telefónica de Público. Habla desde Hamburgo, con voz sosegada, como si le hubiéramos roto un rato de siesta, aunque rápido se pone en activo. ¿Cómo es la vida después de la política? 'Pues más calmada, mucho más tranquila. Ya no tengo preocupación ni ocupación, como antes me demandaba el cargo público, con tensión, disponiendo de poco tiempo y exigiendo mucha atención. Ahora paso muchos ratos en casa, pensando, relajado, más sereno', cuenta el cantautor brasileño, que tampoco admite que la estadía política, que concluyó hace ahora un año, el 30 de julio de 2008, haya moldeado para mal su visión del espacio y del tiempo que habita.

'No ha ocurrido nada especial de lo que no tuviera idea antes de ser ministro. Ya entonces comprendía el mundo de la política como algo complejo, con sus conflictos de intereses y con todas las dificultades que se derivan del ritmo que nos marca la actividad pública', confiesa.

'Ya sabía entonces lo que era la burocracia', completa, con ironía, 'así que estar en el cargo de ministro de Cultura no me dio una visión muy diferente. Quizá sí una mayor proximidad a los asuntos públicos me haya permitido entender mejor ciertas cosas, pero no ha provocado que ahora vea todo de una manera diferente'.

Casi al mismo tiempo que su amigo panameño Rubén Blades, Gilberto Gil puso una pica artística en la política latinoamericana. Aparcó durante un lustro su presencia musical para dedicarse por entero al servicio al ciudadano. ¿Y dejó el cargo ministerial con la sensación de haber logrado aportar algo a la política? 'Quizás, eso espero. Cada persona tiene sus elementos típicos de visión y de acción, y yo soy una persona interesada y activa por los cambios para aunar fuerzas nuevas en la vida, y espero haber aportado algo de mi perspectiva a la forma de gestionar los asuntos públicos, a cómo observar los acontecimientos diarios que nos rodean y a trabajar para intentar hallar soluciones a los retos. Buscar consensos siempre ha sido propio de mi carácter, de mi forma de ser'.

¿Y la política ha cambiado algo en usted, le ha contaminado? 'No, espero que no. En la vida hay de todo y no creo que la vida política sea muy distinta a otros sectores de la sociedad. Los hombres somos hombres, ya sea trabajando en la política, en la cultura, en el deporte o en nuestra casa'.

Aunque durante esta etapa soportó ritmos de trabajo infernales, que en varias ocasiones afectaron a sus cuerdas vocales, Gilberto Gil tuvo oportunidad de pulsar en primera persona la salud de América Latina. Y su experiencia, vista en términos globales, mereció la pena. Es más, asegura que regresa a la música con una esperanza creciente sobre el rumbo del continente.

'Ahora, los países de América Latina tienen democracias más complejas y desarrolladas que han entrado con fuerza en Chile, en Argentina, en Brasil, en Bolivia quizás en Venezuela el régimen está fuera del patrón tradicional, pero allí también se ha mejorado respecto a épocas anteriores. Nos queda África por desarrollar, pero en América Latina ya tenemos instituciones fuertes, más fuertes que las que hubo nunca, y democracias activas', asegura el músico, que entre 1969 y 1972 se exilió en Londres junto a su amigo Caetano Veloso para evitar males mayores en la dictadura militar de Garrastazu Médici.

Sin ánimo de venganza, Gilberto Gil contempla cómo ahora la crisis económica global ha devuelto el valor al modelo de vida sencilla que, aun siendo ministro, él ha cultivado siempre. Sin sombra de soberbia, este fundador del tropicalismo sostiene que el difícil momento actual no es tanto por modelo como por gestión. 'En crisis está el modelo, un modelo de gestión que trató de abarcarlo todo, así que ahora ese mismo sistema debe abrirse a las necesidades de la sociedad y dotarse de mecanismos de control más democráticos, modelos que puedan ser compartidos. La dominación y la hegemonía que marcaron el capitalismo en el pasado deben cambiar. Hay necesidad de más participación social, mucho más compromiso con la ecología, más atención al que es diferente. En esencia, más respeto', incide este artista polifacético, integrante del Partido Verde en Brasil.

Subrayadas las líneas rojas, Gil confía en que vengan tiempos mejores una vez se supere esta etapa de riesgo y duda. 'Saldremos fortalecidos como colectivo, las sociedades son conscientes de que deben girar hacia mayor colectividad. Tenemos que ser capaces de articular mayores consensos a largo plazo. Nos hace falta un nuevo contrato social, y creo que el capitalismo ha entendido ese mensaje urgente', afirma este compositor de medio centenar de grabaciones.

Revisadas las venas abiertas de América Latina, hablemos ahora de música. ¿Le queda algo por hacer con su canción? 'Siempre quedan cosas por intentar, aunque quizá con la edad tenga menos deseos de desarrollar la gran actividad que demanda el mercado. Aunque sí tengo muchas ganas de cantar, de volver a encontrarme con mi público, aunque ya no disponga de esa necesidad de mantener el ritmo natural que exige la actividad musical en estos momentos', asume Gilberto Gil.

Sin ambages, el ex ministro admite que por ahora carece de una estrategia premeditada para retornar al circuito artístico. Pero tampoco la necesita, apunta el periodista. 'Puede ser. Por ahora estoy enfrentándome al hábito nuevo, a la secuencia natural de la vida cotidiana, de una vida bastante más tranquila que la que llevaba en mi etapa anterior. Prefiero disponer de días para la familia, para las amistades, en definitiva para la vida. Por eso no tengo nada planeado, nada específico como si fuera una cartografía que me marque un rumbo fijo, de aquí para allá y de allá para acá, sin parar. Ahora pienso que ya no necesito una rutina que me sea impuesta por otros motivos desde fuera'.

Con interés especial contempla Gilberto Gil el estado de las cosas musicales en su país, y por extensión en el universo de la canción latinoamericana. 'En Brasil, la música siempre ha estado marcada por la variedad de estilos y de influencias, con aspectos de América pero también de África, Europa y Asia. Somos un país producto de la interacción de influencias propias y externas. Con la llegada de la sociedad de la comunicación, la música brasileña cambia rápido y acrecienta la variedad que ya teníamos. En muchas regiones existe una autonomía artística y social más viva que ha generado mercados propios. Se acabaron los tiempos de hegemonía indiscutible de Río de Janeiro o de São Paulo: ahora hay trabajos más variados y ricos con perspectiva internacional pero con raíces en lo local'.

Una pieza clave de esta evolución, asume Gil, es la era digital, la posibilidad de intercambiar músicas entre personas gracias a Internet. Firme defensor de la libertad informática, el ex ministro afirma que 'la fuerza de las músicas locales es ayudada mucho' por la existencia de la Red. 'Por ejemplo, la música del norte de Brasil puede promocionarse por Internet, buscar su público. Y el intercambio de archivos musicales es parte de este fenómeno porque ayuda muchísimo al interés musical de la gente. Antes no era tan sencillo enseñar tus canciones al público, y ahora es el aficionado el que puede elegir lo que desea escuchar'.

1- Referente
En los sesenta, Gil se convirtió en uno de los líderes del tropicalismo, corriente crítica con el poder que fusionaba bossa-nova, rock, psicodelia y música tradicional brasileña.

2- Subversivo
Detenido durante la dictadura en 1968, Gil se exilió en Londres hasta 1972. De vuelta a Brasil, fue encarcelado cuatro años después por posesión de marihuana. La Justicia lo encerró en el manicomio de San José.

3- Político
Lula lo convenció para dirigir el Ministerio de Cultura de Brasil (2003-2008), donde impulsó los Puntos Culturales, centros de cultura popular en las favelas. Además, logró que la samba y la capoeira fueran consideradas Patrimonio de la Humanidad.

4- Contemporáneo
Una de sus mayores preocupaciones como ministro fue el software libre. Se pronunció contra las leyes que criminalizan al usuario que descarga archivos protegidos y pidió buscar un equilibrio entre “el interés común y la agenda del mundo capitalista”.