Público
Público

Donna Leon afirma que vivimos una época en la que no se espera que el malo sea castigado

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Donna Leon empezó a escribir novela policiaca por accidente y ahora tiene una legión de seguidores. En la Biblia y en la tragedia griega están, en su opinión, los orígenes de un género que vive "momentos maravillosos", porque en "estos tiempos la gente no espera que el malo de la película sea castigado".

La autora norteamericana se ha propuesto explicar cómo se escribe novela negra a los alumnos del curso que hoy ha empezado a impartir en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, donde va a recuperar "la emoción de hablar de libros", la misma que sentía en su etapa de profesora universitaria de Literatura.

En su primer día en el aula les ha contado que escribió su primera novela, "Muerte en la Fenice", después de una conversación con un director de orquesta que no sentía demasiada simpatía hacia uno de sus colegas. Terminaron bromeando sobre la forma de hacerle desaparecer y a ella se le encendió "una bombilla en la cabeza: ¿por qué no intento escribir un libro sobre esto?", se preguntó.

Hasta entonces no había sentido ni la necesidad ni la ambición de escribir y ni siquiera se planteó enviar el manuscrito a una editorial, pero un amigo la convenció, un año después de haberlo terminado, de que lo mandara a un concurso en Japón. Lo ganó y con el premio, un contrato para dos libros más.

Veinte años y, diecinueve novelas protagonizadas por el comisario Guido Brunetti después, cree que ni puede, ni tampoco es sano, tomarse el éxito en serio.

Antes de que Brunetti naciera, Donna Leon había devorado "miles" de libros policiacos, un género, ha dicho, que "ha estado con nosotros miles de años". Y es que para la autora de "La otra cara de la verdad", la historia bíblica de Caín y Abel y el "Edipo rey" son novela negra, con crimen y con castigo, aunque sin un elemento que no aparecería hasta el siglo XIX, el detective.

En los libros clásicos el asesino es descubierto y recibe su castigo, pero las cosas han dejado de funcionar de esa manera, porque esta es una época en la que ni se castiga a los malos ni la gente lo espera, ha opinado.

"En Italia Berlusconi nunca ha sido condenado", ha argumentado Donna León, quien se queda "boquiabierta" con los comentarios del primer ministro italiano, aunque entiende el porqué de su éxito entre el electorado: habla en un lenguaje que cualquiera que se esté tomando una cerveza en un bar puede entender. Además, ha apuntado, es afable, muy a la manera de la clase media y las noticias sobre las mujeres de compañía que inundan la prensa internacional, no aparecen en Italia.

Tampoco se pueden encontrar ediciones italianas de sus novelas porque no existen. Donna León, que es también codirectora de una compañía de ópera barroca, sabe "lo que puede hacer la fama" y quiere que el cartero la siga tratando de tú.

"Soy absolutamente invisible en Italia y la verdadera razón es que la fama me hace sentir a veces muy incómoda. No soporto que le gente se sienta tímida conmigo... y soy demócrata, creo que todo el mundo debe ser tratado por igual", ha explicado.

La "madre" de Brunetti gesticula mucho cuando habla, bromea continuamente e imita la voz de su interlocutor al relatar una conversación. Y uno de los motivos que le ha llevado a aceptar este curso es el trato cercano de los españoles.

Cuando vino a España por primera vez, hace ocho años, se dio cuenta de que existía una calidez y una humanidad que se han perdido en la Italia que le enamoró hace cuarenta años.

Vive en Venecia, donde transcurren sus novelas, un escenario que, a su juicio, reproduce los patrones de las historias clásicas de crímenes en la tranquila campiña inglesa. Para ella, la "Serenísima" es una ciudad provinciana de 50.000 habitantes donde todo el mundo lo conoce todo sobre el resto de sus vecinos. De hecho, desde que inauguró su serie ha habido menos asesinatos en la ciudad que en sus libros.

En esa Venecia vista desde dentro trabaja su Guido Brunetti, un detective que se aleja del estereotipo. "No quería pasar mi tiempo con un alcohólico infeliz", ha resumido esta escritora de abuelo español, que se confiesa "una mujer feliz por genética" y nada dura: "No he discutido en toda mi vida, evito la violencia".