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Los Dotcom cubanos

Telesur se estrena como primera cadena extranjera que se puede ver legalmente en Cuba. Sin embargo, el ingenio se ha agudizado en los últimos tiempos para estar al día en series y programas

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Desde este domingo la televisora latinoamericana Telesur se podrá ver en Cuba. Es la primera vez en medio siglo que se permite a una emisora no cubana transmitir en las frecuencias domesticas de la isla, llegando directamente a los hogares cubanos. La cadena se verá en tiempo real durante unas 14 horas diarias. A pesar de que Cuba forma parte de la dirección de Telesur, hasta ahora los cubanos solo podían ver un breve resumen diario, en forma diferida y tras un atento análisis de contenidos.

Sin embargo, a pesar de este celo gubernamental, los televidentes de la isla están tan al día como los de cualquier otro país. A Cuba llega con gran rapidez lo último en programas, películas o series por diferentes vías legales y también clandestinas. Revenge, El Mentalista, La que se avecina o Aida se ven con apenas una semana de retraso gracias a las antenas de satélite clandestinas, a los bancos de video legales y al 'pirateo' que hace la televisión cubana de los canales estadounidenses.

Durante décadas los espacios televisivos oficiales fueron muy politizados y aburridos pero durante los últimos años han tratado de renovarse para contrarrestar la competencia de las televisoras extrajeras. Han multiplicado el número de canales y ampliado el tiempo de emisión diaria con programas 'pirateados' a EEUU, país que mantiene un Embargo Económico contra Cuba desde hace 50 años, gracias al cual no hay que pagar derechos de autor.

La programación actual de la televisión oficial de Cuba en su conjunto está tan al día o más que cualquier emisora de la región. Abundan los documentales de National Geographic, Discovery o History Channel y los dibujos animados son mayoritariamente de Disney. La mayor parte de las series son también de producción estadounidense y las películas de Hollywood, muchas de ellas de pésima calidad y con contenidos extremadamente violentos.

A la televisión oficial no le quedó más remedio que diversificar su programación porque la entrada ilegal de antenas de satélite y la creación empresas de cable clandestinas se convirtió en una fuerte competencia. Algunas de estos nuevos empresarios tienen conectados a decenas de sus vecinos por cables disimulados por las azoteas. La cuota mensual no es excesiva, ninguno cobra más de ocho euros al mes por el servicio. El único problema es que todos los vecinos deben ponerse de acuerdo en la programación porque solo hay posibilidades de ver un canal a la vez.

Ya antes de la entrada de antenas de satélite, se habían abierto cientos de bancos de video, que más tarde alquilaron DVD y hoy entregan el material de disco duro a disco duro. Tienen miles de películas, series, documentales, dibujos animados, programas humorísticos y musicales, telenovelas, etc. Están muy actualizados porque se abastecen a través de Internet, con los informáticos que trabajan en lugares con banda ancha, universidades, hoteles y algunas empresas. Este es un negocio legal que no es perseguido mientras no difundan pornografía. De hecho se anuncian en las páginas web, Rosa ofrece una temporada completa de cualquier serie por solo 75 céntimos, Miguelito vende cada capítulo por seis céntimos, Rafael es un poco más caro pero lleva los encargos a domicilio, mientras Abelito ofrece filmes en HD por solo 30 céntimos.

Paradójicamente, la única televisora que no entra en Cuba es TV Martí, una emisora creada por Washington para 'informar' a los cubanos que viven en la isla. A pesar de todo el potencial tecnológico de los EEUU y de las decenas de millones que cuesta, nunca lograron penetrar las barreras electrónicas colocadas a lo largo de toda la isla.

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