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"Lo duro fue el vis a vis con la familia"

Carlos de la Vega. El jugador del Rayo imputado por la operación Ciclón habla con Público de sus días en la cárcel

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'Lo peor de toda esta historia es la sensación de incomunicación, de impotencia, de no poder hablar con la gente, de no saber qué pasa'. La voz de Carlos de la Vega, el futbolista del Rayo Vallecano implicado en la operación Ciclón, el desmantelamiento una red de narcotráfico en Madrid, aún suena angustiada al otro lado del teléfono.

En los 12 días que duró su encierro, permaneció en los calabozos de dos comisarías que prefiere no mencionar y en la cárcel de Soto del Real. Las duras condiciones de los recintos en los que pasó sus primeras horas en cautividad le han marcado mucho. Una manta para dormir y un ambiente irrespirable.

El pasado sábado, bajo fianza de 30.000 euros, De la Vega abandonó el centro penitenciario situado en las faldas de la sierra madrileña. 'Puedo hablar de lo humano y de lo deportivo, pero mi abogado me ha dicho que del caso no hable nada porque está bajo secreto de sumario. Sobre si soy inocente o culpable, no puedo responder'.

Ayer, por primera vez, De la Vega se reencontró con sus compañeros. 'Cuántas ganas tenía de verte ha sido la frase que más me han repetido. Me he dado cuenta de que tengo muchos amigos', cuenta emocionado.

La voz le tiembla y se le entrecorta cuando expresa su agradecimiento a todos los que le han mostrado su apoyo: 'Lo primero que hice al salir de la cárcel fue darle un abrazo a mi familia, porque llevaba 12 días sin poder estar con ellos. Sabía que habían sufrido mucho y era lo que más quería hacer'.

En realidad, ya había podido estar frente a ellos, pero separado por el frío cristal de la sala donde se cita a los reclusos para los bis a bis. Una imagen de película transformada en su cruda realidad: 'Nunca puedes imaginar que te puede pasar el verte separado de tu familia por ese cristal. Están allí, pero no puedes tocarles. Es lo más duro. No poder tener contacto físico con los tuyos es una sensación que no me abandonó en esos 12 días. Cuando me vieron, se calmaron y yo también me quedé más tranquilo'.

Fue a las 17:30 de la tarde del sábado cuando los funcionarios le abrieron las puertas. 'Me dio tiempo a ver el derbi. Soy del Madrid. Estuve con mi familia en casa y traté de pasar el primer día en libertad como si no hubiera pasado nada. Hablamos del Rayo y vimos el partido, pero lógicamente no le di mucha importancia al resultado del Bernabéu'. La sensación de ser observado por todos, las posibles miradas de extraños haciéndole sentir culpable dice 'no haberlas apreciado'. Y menos, de su familia: 'Ellos me conocen. Lógicamente, es un disgusto. Conozco a mi familia, es maravillosa, estaban enteros y nos hemos ayudado como hemos podido'.

Los días en Soto del Real se los suavizaron todas aquellas personas con las que se cruzó entre los muros de la cárcel, pero no esbozó ni una sonrisa: 'No sonreí con las bromas de nadie, dejémoslo en que intente llevar mi estancia allí cómo pude, pero les doy todo mi agradecimiento a los funcionarios y a los internos, porque el trato en la cárcel ha sido muy bueno'.

El hecho de que él, futbolista en activo, y un representante de jugadores estén implicados contribuyó a multiplicar la repercusión de la operación Ciclón. Su nombre puede quedar manchado para siempre, sea culpable o inocente. La canallesca de las gradas puede aparecer en cualquier campo: 'Ahora mismo ese tipo de cosas ni me las planteo. No sé si mi carrera quedará manchada. Esas cosas ni las pienso'.

La conversación transcurre con De la Vega en Ávila. 'Ahora mismo voy a visitar a mis tíos, a todos los familiares que me han mostrado su apoyo', dice de nuevo con voz de llanto a punto de romper. No sabe aún si podrá volver a jugar con el Rayo durante el tiempo que preceda al juicio. 'Mañana, quiero ir otra vez al entrenamiento en Las Rozas. Tengo que hablar con el club. No creo que me entrene, porque quiero operarme del pubis. Estoy pendiente de lo que me digan y eso es lo que haré'.

El club, de momento, prefiere que descanse. 'Nos ha transmitido sensación de tranquilidad y de serenidad. Los compañeros le han visto bien', dice un empleado del club.

'Me han aconsejado que durante tres o cuatro días esté apartado de todo. Que esté unos días tranquilo y relajado después de todo lo que ha pasado. No puedo responder a si soy un pardillo o si me siento engañado por alguien', concluye De la Vega.