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East Side Gallery recuperó sus colores como desactivada Franja de la Muerte

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La East Side Gallery, el tramo más largo aún en pie del Muro de Berlín, se presentó hoy con su centenar de grafiti recién recuperados por los artistas que los estamparon tras el fin de la división ciudadana y revitalizado como imán para los turistas ansiosos de ver qué quedó de la Franja de la Muerte.

Puntualmente, ante el vigésimo aniversario del 9 de noviembre de 1989, regresó sobre los restos de hormigón el grueso del colectivo de 118 ilustradores y pintores de todo el mundo que en 1990, unos meses después de la caída del Muro, participaron en la acción colectiva de plasmar sus murales desde el lado oriental.

El famoso "beso de tornillo" entre Leonidas Breznev y Erich Honecker, pintado por el ruso Dimitri Vrubel, vuelve a lucir sobre los 1,3 kilómetros de tramo del Muro que forma la "East Side Gallery" y es asimismo la pieza más fotografiada por sus visitantes.

"Ha sido emocionante sentirse de nuevo como veinte años atrás, recuperando nuestro testimonio sobre lo que vivimos entonces en Berlín", explicó a EFE Ignasi Blanch, único español entre el centenar de artistas que integraron la experiencia, con "Parlo d'amor" ("Hablo de amor").

Mientras Vrubel se inspiró para su "Beso fraterno" en una fotografía tomada en Berlín en 1979, con el saludo entre los líderes germano-oriental y soviético en el trigésimo aniversario de la República Democrática Alemana (RDA), Blanch plasmó una imagen más lírica "del sentimiento de amor que entonces nos envolvió".

La recuperación de los grafiti, de los que apenas quedaban los trazos tras veinte años expuestos a la dura climatología berlinesa, es una iniciativa privada, coordinada por el artista germano-iraní Kani Alavi, que ha costado unos 2,2 millones de euros.

Para la reinauguración de esta muestra se contó con la presencia del alcalde-gobernador de Berlín, Klaus Wowereit, quien paseó ante los 103 murales mientras jóvenes modelos desfilaban en minifalda y otros atuendos inspirados en esos grafiti.

El tramo del Muro está en una zona algo inhóspita de Berlín y queda a años luz de lo que fue la Franja de la Muerte en sus 28 años de existencia: 155 kilómetros que encorsetaron el Berlín occidental y a cuyo alrededor regía la orden de disparar a matar contra quien tratara de huir al oeste.

Hoy es un punto de gran afluencia turística, como el Checkpoint Charlie, antiguo punto de control fronterizo entre el sector estadounidense y el oriental, donde asimismo se encuentra ahora un Museo del Muro -también privado-, el más visitado por Berlín.

Mientras en el interior del museo se recrea, más o menos fielmente, algunas de las fugas más vistosas de la RDA -coches de doble fondo, etc-, en el exterior estudiantes disfrazados de policías germano-orientales posan por un par de euros con los turistas junto a una réplica de la antigua caseta fronteriza.

"Los grafiti de la East Side Gallery fueron una muestra meritoria de arte espontáneo, con el que se ilustró el sentimiento colectivo de libertad con la desactivación de la Franja de la Muerte", explicó a EFE Michael Hasselhof, crítico de arte crecido en la antigua RDA.

"Podrá discutirse de si es o no arte, pero está claro que fue liberador ver plasmadas esas pintadas desde el lado prohibido, el oriental", añadió.

"No me defino como artista, soy un ilustrador", responde modestamente Blach, en 1989 uno de los habitantes del "oasis berlinés" que fue el sector occidental, es importante conservar la "East Side Gallery", lo que no quita que deba existir un lugar donde se documente más fielmente lo que fue la RDA y su extinción.

"Debería haber un centro donde se trate seriamente lo que fue la Franja de la Muerte, y también lo que quedó tras su caída. Es decir, la liberación, de un lado, y la sensación de pérdida en muchos ciudadanos del este", explica.

Pérdida sobre todo de identidad, prosigue, al ver cómo la RDA y todos sus símbolos, no sólo los odiados y temidos, sino también los cotidianos y otros referentes, desaparecieron "engullidos" por la reunificación.