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"Nos están echando de nuestras casas como a perros"

Aunque pierda su vivienda seguirá teniendo una deuda de más de 168.000 euros con el banco. Está separada, tiene un hijo a su cargo y un sueldo de menos de 800 euros como empleada en una empresa de limpieza

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Cuando la crisis todavía era un espejismo, a Victoria Rivera las cosas le iban bien. Llegó a España en 2000, en pleno esplendor de la burbuja inmobiliaria. Junto a su marido, ambos peruanos, montó una empresa especializada en aislamientos acústicos. En 2005 decidieron comprar una vivienda en Pinto, una localidad del extrarradio madrileño.

BBVA les concedió entonces un préstamo de más de 200.000 euros. Pagaban una media de 900 euros al mes en concepto de hipoteca. Pero en 2009, las cosas empezaron a ponerse 'feas', dice con resignación esta mujer de 40 años. La empresa quebró. Su marido se quedó en paro y se marchó del país. Victoria se quedó al cargo de su hijo y del pago de unas letras que aumentaban a ritmo vertiginoso. 'Algunos meses llegué a pagar más de 1700 euros', asegura.

Tirando de ahorros y de los pocos euros que ganaba con varios empleos a tiempo parcial, Victoria intentó seguir abonando las mensualidades de su hipoteca. Pero en septiembre de 2010 tuvo que elegir entre dar de comer a su hijo o pagar la casa. 'Elegí lo primero', señala. Y llegó la orden de desahucio. El BBVA le reclama más de 168.000 euros. Una deuda que tendrá que seguir pagando aunque se quede en la calle.

Gracias a la acción de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y el 15-M de Pinto, consiguió paralizarlo. Pero en un cajón de la que todavía es su casa guarda una segunda orden, que aún no tiene fecha. 'Nos están echando de nuestras casas como a perros', lamenta.