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La economía, papa caliente y objeto de escrutinio en la Cuba post-Fidel

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La decisión del líder cubano, Fidel Castro, de retirarse del poder tras casi medio siglo, deja al nuevo jefe de Estado una papa candente en la economía y un punto de referencia obligado a la hora de escrutar su futuro desempeño.

El presidente del Consejo de Estado que salga elegido el próximo 24 de febrero se encontrará con no pocos problemas económicos y unas cifras macroeconómicas que, más allá de la controversia sobre su fórmula de cálculo, indican que la salud de las finanzas en la isla no está bien.

La economía cubana no ha encontrado las salidas a sus problemas tras 19 meses de Gobierno provisional de Raúl Castro, que ha tratado de apretar las tuercas en aspectos puntuales, mientras insistía en reformas de fondo que no han llegado.

Desde que el líder cubano, Fidel Castro, anunció la delegación de sus cargos por una grave enfermedad intestinal en julio de 2006, las llamadas de atención sobre los graves problemas económicos de Cuba -centrados en alimentación, vivienda y transporte- se han vuelto cotidianas y parte central de los discursos oficiales.

A estos se han ido sumando llamadas de atención cada vez más frecuentes sobre el estado de la salud y la educación, dos de los buques insignia de la revolución.

De boca de Raúl Castro han salido expresiones como "reformas estructurales", el reconocimiento de que hay "exceso de prohibiciones", un compromiso de estudiar el incremento de inversión extranjera y la certeza de que la tierra tiene que estar en manos de quienes produzcan.

Pero también la admisión de que "se necesita tiempo para estudiar, organizar y planificar cómo alcanzar los objetivos propuestos", sobre todo, según dijo en diciembre de 2007, porque "nadie aquí es mago ni puede sacar recursos de un sombrero".

Raúl Castro ha recetado "productividad" y "eficiencia" para sacar al país de una espiral de dificultades, habitualmente excusadas por el bloqueo económico que Estados Unidos mantiene contra la isla desde hace más de 45 años.

Con bloqueo y todo, la economía cubana creció en 2006 un 12,5 por ciento, una cifra que las autoridades calculan con base en una fórmula no explicada pero que agrega al Producto Interior Bruto valores ponderados por los servicios subsidiados por el Estado como la salud, la educación o los deportes.

Con el mismo bloqueo y la misma fórmula, la economía creció un 7,5 por ciento en 2007, según se informó al cierre del año, apenas un mes después de que el vicepresidente y ministro de Economía, José Luis Rodríguez, anunciara el cumplimiento del planificado 10 por ciento.

La corrección de cifras ha afectado a renglones como el Comercio Exterior, donde de un 44 por ciento de incremento de exportaciones anunciado en noviembre se pasó a un 24 por ciento en diciembre y tres puntos más a principio de este mes.

Analistas consultados por Efe coinciden en que "la economía está mal" y será tarea del nuevo Gobierno llevar a cabo las reformas que el país ya no puede esperar.

Para unos, esos cambios pasan por dar carpetazo a un modelo obsoleto basado en un modelo azucarero que nunca llegó a cambiar estructuralmente a pesar del paulatino incremento de renglones como el turismo.

Otros consideran que la disminución del hueco entre las cifras dictadas desde el aparato de propaganda y la realidad es una "buena noticia" y no dudan en calificar al reconocimiento de las dificultades como un "avance importantísimo".

No obstante, hay consenso en que la tarea fundamental del próximo Gobierno será llevar a la práctica fórmulas que garanticen la productividad y rompan el "nudo gordiano" que forman los bajos salarios, los altos costos de los productos y los desajustes de la doble moneda.

Todo ello en medio de un entorno internacional menos seguro que hace 19 meses, especialmente en lo referido a su principal socio, Venezuela.

En los últimos meses, Cuba ha buscado diversificar sus fuentes de recursos y ha estrechado sus lazos con países como Angola, productor de petróleo y donde la isla ha enviado una amplia misión con médicos, educadores y constructores.

Detrás de esa diversificación está el fantasma del "periodo especial", como se denominó en la isla a la profunda crisis que se derivó del hundimiento de la Unión Soviética y los países de Europa del Este.