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EE.UU. defiende su decisión de permitir la quiebra de Lehman Brothers

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El secretario del Tesoro de EE.UU., Henry Paulson, defendió hoy la decisión de su Gobierno de permitir la bancarrota del banco de inversión Lehman Brothers, pero no descartó que en el futuro pueda intervenir para evitar otras quiebras.

"No me tomo a la ligera arriesgar el dinero público", dijo Paulson en una rueda de prensa, pero matizó que eso no significa el fin de las intervenciones del Gobierno. "No hay nada más importante que la estabilidad de los mercados financieros", aseguró.

Paulson habló mientras en las bolsas del mundo el colapso de Lehman Brothers, una firma que había sobrevivido a la Gran Depresión e incluso la guerra civil, caía como una losa.

Además, Merrill Lynch, otra empresa histórica de Wall Street con el agua al cuello, será absorbida por Bank of America.

Y podría haber otras víctimas. Hasta media mañana de hoy, las acciones de American Internacional Group (AIG), que llegó a ser la mayor aseguradora del mundo por su precio de mercado, se habían derrumbado un 50 por ciento, ante las informaciones sobre la horrenda calidad de su portafolio.

Paulson salió al paso con un mensaje de calma que ha tenido que reiterar con cada nuevo susto en los mercados y declaró que la economía estadounidense es "saludable".

Lo mismo se vio obligado a hacer el mandatario de EE.UU., George W. Bush, quien habló sobre la economía en la primera ocasión que tuvo, una comparecencia con el presidente de Ghana, John Kufour.

"A la larga, tengo confianza en que nuestros mercados de capital son flexibles y robustos, y pueden hacer frente a los ajustes", indicó Bush.

Pero al mismo tiempo, reconoció que, "a corto plazo, los ajustes en los mercados financieros pueden ser dolorosos".

Su Gobierno intentó paliar ese dolor en encuentros maratonianos durante el fin de semana con los peces más gordos de Wall Street en el banco de la Reserva Federal en Nueva York.

Pero al final se negó a poner en juego dinero público para garantizar la venta de Lehman Brothers a alguno de su competidores, como sí lo hizo en marzo con Bear Stearns.

"La situación era muy diferente", afirmó Paulson. "En ningún momento consideré apropiado arriesgar el dinero de los contribuyentes para salvar a Lehman", añadió el secretario del Tesoro, aunque no dijo por qué.

Gus Faucher, director de macroeconomía de Moody's Economy.com, tiene su propia teoría.

"Fue la decisión correcta, porque con Bear Stearns la preocupación era que podría derrumbar el sistema financiero entero, mientras que los acreedores de Lehman Brothers han tenido tiempo para ajustarse" a las pérdidas previstas, opinó.

Al Gobierno también le debió inquietar poner más dinero público en juego, después de que hace una semana colocara sobre la mesa miles de millones de dólares para evitar la caída de las compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac.

No podía dejar quebrar esas empresas, creadas por el Congreso pero administradas como compañías privadas, porque poseen o avalan el pago de casi la mitad de los 12 billones de dólares en préstamos inmobiliarios pendientes en Estados Unidos.

Pese a su abolengo, Lehman Brothers no tenía ese peso económico, por lo que el Tesoro "ha querido hacer una raya en el suelo", según Rob Carnell, un economista del banco ING.

Ha permitido su bancarrota, declarada hoy, ante el temor de que toda gran empresa financiera con problemas o incluso de otro tipo llamara a su puerta para pedir fondos, según los expertos.

Más allá de las repercusiones perniciosas de salvar a empresas que se han cavado su propio agujero, los bolsos públicos no son lo que eran.

Deutsche Bank predijo hoy que el déficit de EE.UU. ascenderá a 660.000 millones de dólares en el año fiscal que comienza el 1 de octubre, una cifra récord que supera la predicción de 490.000 millones del Gobierno de Bush.

Mientras, la Reserva Federal, la encargada de vigilar un sistema financiero con cada vez más tufo de putrefacción, ha intervenido en los mercados de forma más solapada, al anunciar que aceptará como colateral para los préstamos que extiende a Wall Street acciones, bonos "basura" e incluso hipotecas.

También tendrá que responder a un apelo directo de AIG, que le ha solicitado un crédito de 40.000 millones de dólares, según se ha filtrado a la prensa.