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En EE.UU. "El Padrino", en el Reino Unido "El gángster" y en España "El Torete"

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Si en el cine negro estadounidense el arquetipo de delincuente es "El Padrino" y en el Reino Unido lo es el gángster de barrio obrero, en España sería "El Torete", protagonista de "Perros Callejeros" y famosa figura del pícaro, del ratero, del buscavidas que burla la ley y rehuye a la Policía.

Este personaje es fácilmente reconocible por el público español e incluso es visto como un "héroe", cuando sus películas, pertenecientes al denominado "cine quinqui" del periodo de la Transición, se exhiben en determinados ámbitos, según ha asegurado hoy a Efe el crítico y guionista Roberto Cueto previamente a su participación en el Curso de Cinematografía de la Universidad de Valladolid (UVa).

Para Cueto, el éxito del cine policial pasa por describir atmósferas locales y personajes propios de un determinado lugar y de una época concreta, algo que representa "El Torete", típico delincuente juvenil de barrio marginal que sobrevive fuera de la ley en la recién nacida España democrática.

El problema en el caso de las películas policiacas españolas es que han intentado copiar, e incluso parodiar, una serie de arquetipos del cine americano que no han funcionado, pues los espectadores no se han creído que pudieran desarrollar sus fechorías de igual modo en las calles de una ciudad española que recorren día a día, que en las de un suburbio estadounidense.

"Puede que 'Perros callejeros' no resista un análisis fílmico ni semiótico como una película de Fritz Lang, pero que sí conecta con cierto tipo de público y establece cierto imaginario popular que la gente reconoce", ha añadido el crítico.

Asimismo, se ha mostrado convencido de que trabajando en narrar lo local, al final se consiguen productos que transcienden a las fronteras.

Otra de las circunstancias a las que ha tenido que hacer frente el cine negro español es a la propia naturaleza del régimen franquista, pues su intento de dar una imagen de control absoluto de la situación, impidió que surgieran personajes frecuentes en este género, como el del rudo detective al estilo de Humphrey Bogart que siempre está situado entre la Policía y el delincuente y que cubre las carencias de la investigación oficial.

A pesar de ello, Cueto ha incidido en que en la realidad actual hay una serie de situaciones que pueden ser llevadas al cine, como el auge de las mafias rusas o la corrupción urbanística, algo de lo que dio las primeras pinceladas "La caja 507" (2002), de Enrique Urbizu.

También ha participado hoy en el Curso de Cine con una conferencia sobre el cine negro francés e italiano el escritor y crítico Jesús Palacios, quien ha aseverado que en los últimos tiempos este género está resurgiendo a partir de una serie de directores que se han sentido atraídos hacia su particular estética y su complejidad.

El escritor ha calificado el cine negro como un género "incombustible" que sigue gozando de espacio en las productoras, y ha destacado la labor realizada en los últimos años por directores como Quentin Tarantino, Martin Scorsese o los hermanos Joel y Ethan Coen.

Aunque en Europa comenzó a hacerse a partir de los arquetipos de las películas y de la literatura norteamericanas, posee características propias, como su por crear atmósferas "míticas", aunque eso conlleve que en algunos filmes queden "elementos sueltos" o "cables sin atar" en el guión.

"Se le da mucha importancia al aspecto estético, al aspecto iconográfico, al mítico del cine negro que a las historias en sí mismo. Ése es precisamente uno de los motivos por los que a veces se ha desprestigiado el cine de género y policiaco europeo, porque se le achacan muchas veces debilidades de guión", ha reparado.

Entre los directores europeos que ha destacado se encuentran el francés Jean-Pierre Melville, con cintas como "El silencio de un hombre" (cuyo título original es "Le Samourai") o el italiano Sergio Sollima, con películas como "Revolver".