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EEUU y Europa bifurcan el camino de salida de la crisis

Las dos potencias acentúan sus diferencias en medio de una frágil recuperación. Los estímulos tienen resultados en el empleo

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'Hay, por fin, una economía global y el G-20 es su Gobierno'. Un alto cargo del Ejecutivo español describía así el pasado viernes lo que muchos definen como el nuevo orden económico mundial. En supuesta armonía, las grandes potencias se reúnen periódicamente en torno a una mesa para sacar al mundo de la peor recesión de su historia.

Sin embargo, dos fuerzas chocan contracorriente bajo esta aparente balsa de aceite. EEUU y la zona del euro están adoptando estrategias opuestas para salir de la crisis que se van distanciando cada vez más a medida que no se alcanza el objetivo perseguido: un crecimiento firme y una ansiada creación de empleo.

La última muestra de las divergentes políticas que ambas potencias (entre la UE-27 y EEUU suman casi el 50% del PIB mundial) llevan a cabo ha venido de la mano de un instrumento que desde hace un siglo es pura nitroglicerina: la política monetaria. La Reserva Federal estadounidense (Fed) (lo que equivale a un banco central) decidió la pasada semana inyectar 600.000 millones de dólares (429.000 millones de euros) en el mercado mediante la compra de bonos a diez años, conocidos popularmente como treasuries. Pocos días después, su institución homóloga en la zona del euro, el Banco Central Europeo (BCE), permanecía impasible y no tocaba ni una coma de su política monetaria. Ni cambio en los tipos de interés (en Europa están al 1% frente al 0% de EEUU) ni compras de deuda a sus países miembros (desde el inicio de la crisis, EEUU ha recomprado 2,65 billones de dólares, equivalentes a 1,87 billones de euros, en bonos y el BCE apenas 63.000 millones de euros).

La Fed ha inundado el mercado de dólares y el BCE prefiere no actuar

Ante esta parsimonia europea, los expertos advierten de que 'una vez más' el BCE está yendo un paso por detrás de su homólogo estadounidense. 'En esta crisis, la Fed, siempre ha actuado con mayor sensación de urgencia que el BCE. Lo cual no es nada nuevo. El BCE lleva años replicando las actuaciones de la Fed tarde y con menor fuerza. Esa rapidez de actuación es lo que ha favorecido la recuperación de EEUU frente a la de Europa', asegura Gonzalo Gómez, investigador de IESE.

Las críticas sobre la desacompasada reacción llueven sobre mojado. En julio de 2008, con las primeras, e inequívocas, señales del inicio de la crisis, el gobernador del BCE, Jean Claude Trichet, promovió una subida de tipos, hasta el 4,25%, que para muchos supuso el golpe de gracia para la economía europea y, en particular, para la española, muy sensible a estos cambios por su nivel de deuda. La subida trazó una curva inversa a la tendencia que se seguía al otro lado del Atlántico, donde los tipos habían comenzado a moderarse en 2007 y ya estaban al 2% en el verano en el que se gestó la crisis. 'En ese momento, el problema fue que sólo se fijó en el dato de inflación, que entonces estaba distorsionada por los precios del petróleo, y olvidó la subyacente, que estaba muy baja. Cuando se dio cuenta, ya había perdido un tiempo que era oro y muchos hipotecados europeos tuvieron que pagar caro el 'desliz', recuerda Marc Garrigasait, presidente de Koala Sicav.

En el diferente espíritu bajo el que actúan ambas instituciones radica parte del problema. La Fed debe controlar la inflación, pero también tiene como mandato impulsar el crecimiento y, sobre todo, recuperar el empleo; el BCE se fija sólo en su objetivo de que los precios no suban más de un 2%, lo que algunos expertos califican de 'obsesión'. Con todo, a la Fed le han llovido críticas de prácticamente todos lados, con particular ferocidad de Alemania, Francia y Brasil. La razón: inundar el mercado de dólares baja su precio y perjudica al resto de los países exportadores, lo que, dicen, puede lastrar sus economías.

Inmune a estas críticas, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, se defendía en la noche del viernes recordando que la recuperación de Estados Unidos 'es clave, no solo para los estadounidenses, sino para la recuperación mundial'. Con esta certidumbre, Estados Unidos ha desplegado otra serie de medidas en las que ha apostado por el gasto público, descolgándose de la proclama austera de los europeos.

Los expertos ven a Trichet a rebufo de las decisiones sobre el dólar

Cierto es que la relativa inmunidad de la que disfrutan los treasuries, considerados junto con el bono alemán y el oro un valor refugio para invertir, ha permitido a EEUU tomar la política que le ha venido en gana, sin temor a ataques a su mercado de deuda. 'EEUU no tiene miedo a inundar el mercado de dólares. Su déficit público, por muy excesivo que sea, le preocupa menos, porque tiene el dólar y es muy difícil que el mundo deje de comprar dólares o bonos americanos. Europa, en cambio, está cometiendo los mismos errores que Japón. Un exceso de preocupación por controlar el déficit ha sumido al país en la deflación durante demasiados años', advierte Alejandro Inurrieta, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles.

Por eso, la Administración Obama se apuntó a las teorías de John Maynard Keynes, que aboga por un fuerte gasto público para reflotar la actividad, mientras que Europa se ha adherido a la doctrina de la Escuela de Chicago, con una aproximación al libre mercado. Hubo un momento, en el primer año de la crisis, cuando las teorías keynesianas estuvieron a punto de decantar la política económica internacional hacia el terreno de la inversión pública. Sin embargo, la ferocidad con la que los mercados atacaron a los países con altos déficit en Europa hizo dar marcha atrás a Bruselas, y comenzar, para algunos de forma precipitada, el pro-ceso de ajuste presupuestario.

La obsesión europea por la inflación no atiende al impulso del PIB

Medio año después de que ambas regiones económicas bifurcaran sus caminos, lo que en los foros internacionales se ha revestido como una suerte de 'medidas a la carta', para fingir una coordinada actuación, sigue sin estar claro cuál de las dos fórmulas será la del éxito a medio plazo.

El repunte a principios de año del PIB, mucho más elevado en Alemania y EEUU de lo que habían previsto los expertos, se ha deshinchado y las grandes economías desarrolladas vuelven a dar síntomas de agotamiento, lo que ha llevado, precisamente, a la masiva inyección de dinero en EEUU. Sin embargo, un elemento clave ha empezado a responder más positivamente al otro lado del charco. EEUU ha logrado estabilizar su tasa de paro en un 9,6% (por tercer mes consecutivo), y ha logrado generar empleo por primera vez en cinco meses, con 151.000 nuevos puestos de trabajo en octubre.

A falta de los datos de octubre, la tasa de paro de la zona del euro subió hasta el 10,1% en septiembre y aumentó el número de parados en 67.000 europeos. Los expertos temen estos niveles algún mes más en Europa. De ser así, las políticas de estímulo habrían ganado la mano a la austeridad frente al mayor problema social de la crisis: el paro. Sin embargo, los expertos aconsejan prudencia hasta ver cómo reacciona la economía estadounidense al retirar los estímulos.