Publicado: 14.01.2014 20:22 |Actualizado: 14.01.2014 20:22

Las empresas suplen con recortes salariales la escasez de crédito

El dinero prestado por la banca española ha caído más del 30% desde 2010, dificultando la mejora de la competitividad. En el mismo periodo, la retribución global de los trabajadores bajó un 10%

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Pese a las ingentes cantidades de dinero público invertidas en su saneamiento, la banca sigue sin contribuir a la mejora de la posición exterior de las pequeñas y medianas empresas españolas. Como consecuencia de la falta de financiación, todas las ganancias de competitividad han sido a costa, hasta ahora, de la devaluación interna derivada del progresivo recorte de los salarios.

Los últimos datos facilitados por el Banco de España son elocuentes: el saldo vivo del crédito a las empresas del conjunto de las instituciones financieras ascendía a 1.090.000 millones de euros al cierre del tercer trimestre del año pasado. Es decir, 212.773 millones menos (un 16%) que en 2010, cuando se desencadenó en la Unión Europea con toda su crudeza la crisis de la deuda. Si tenemos en cuenta sólo a los bancos españoles, el panorama resulta todavía más desolador: durante esos casi cuatro años, el volumen total de préstamos a las empresas disminuyó más de un 33%. De 895.918 millones de euros en 2010 se pasó a sólo 667.366 millones en octubre de 2013, sin que se notaran los efectos supuestamente benéficos del cuantioso rescate bancario.

El poco crédito concedido ha sido y es bastante caro, como pone de manifiesto el último informe elaborado al respecto por el Banco Central Europeo con datos de noviembre. Las pequeñas y medianas empresas españolas que logran acceder a financiación pagan un tipo de interés medio del 5,19%, superior en 1,47 puntos porcentuales al que se exige, por ejemplo, en Alemania.

A pesar de que ha bajado sensiblemente de un tiempo a esta parte hasta volver a niveles de julio de 2010, el coste de financiación en España sigue estando por encima de la media de la zona euro (4,2%). Sobre la escasez y carestía del crédito en nuestro país se manifestó ayer, precisamente, el vicepresidente de la Comisión Europea, Olli Rehn, que expresó su esperanza de que la situación mejore "a medio plazo".

La falta de recursos para mantener su actividad y emprender nuevos proyectos ha hecho que miles de empresas opten por meter la tijera a sus costes laborales, aprovechando las facilidades ofrecidas, sobre todo, por la controvertida reforma de febrero de 2012. Un hecho habla por sí solo: entre los nueve primeros meses de 2010 y el mismo periodo de 2013, la masa salarial global cayó casi un 10%. Parte de esa disminución es atribuible, sin duda, a la destrucción de empleo; pero otra parte nada desdeñable corresponde a la brusca reducción de sueldos que tantas empresas, en particular medianas y pequeñas, han acometido. Debido a ello, según el Consejo Empresarial de la Competitividad, los costes laborales unitarios están actualmente en España un 20% por debajo de la media de la Unión Europea.

Ese organismo, en el que están representadas las principales empresas del país, prevé que la situación se acentúe a corto plazo. Cuando concluya el bienio 2013-2014, nuestros costes laborales habrá sufrido un retroceso adicional del 1,5%, frente a la subida media del 2,9% esperada en Alemania, Francia e Italia.

Una de las consecuencias del empobrecimiento de los trabajadores es su pérdida de peso en el conjunto de la renta nacional: los salarios equivalen hoy en España a un 45,2% del PIB, frente al 50,4% que representaban a finales de 2012 en la zona euro. Por el contrario, las rentas empresariales y del capital alcanzan aquí el 44,8%, mientras que en el conjunto de los 15 principales países de la Unión Europea apenas sobrepasan el 38%.