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Enchufar los instrumentos es de cobardes (sobre todo si ha empezado a llover)

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Cuando empezamos a pensar en sacar del cuarto de estar a Litoral, tuvimos muy claro que debíamos intentar trasladar el grupo exactamente como era, es decir, sin amplis, baterías y demás aparatos que dificultan la movilidad de la música.

Donde hay un músico (o más de uno) y alguien para escuchar, hay música, o al menos siempre ha sido así, hoy en día normalmente se necesitan permisos, miles de watios, seguratas, registros, vallas de separación y demás para que algo tan sencillo se lleve a cabo. Hacer que nada de eso fuera necesario exigía tocar sólo instrumentos acústicos y fácilmente transportables.

Así pues, cuando recibí el email del Centre Civic de Porqueres explicando dónde tocábamos, en un sitio con 'acústica natural' y 'poca necesidad de amplificación', supe que era un sitio muy Litoral y que no habría problemas de ningún tipo.

Llevábamos dos días en Barcelona (donde habíamos tocado) sin mucho que hacer, poco dinero y durmiendo en casas de amigos en plan favor, así que tocar en un bosque donde se supone que había goges, dones d'aigua o nimfes con cena y hotel pagados, sonaba a gloria. Además, para variar, esta vez apenas tendríamos que hacer kilómetros para llegar al lugar del concierto.

Después de una preciosa comida organizada por Edu (y familia, ¡gracias por todo!), ya amigo de Litoral pero entonces solo amigo de Sergi (séptimo Litoral y que nos sigue con su cámara allá a donde vayamos), en su masía familiar y tras un precioso paseo por los alrededores, llegamos al bosque.

'Al final de la primera canción, la lluvia es demasiada y, ante el peligro de que el equipo explote, lo apagan. El público nos grita '¡acústico!''

El sitio es una maravilla y, efectivamente, la acústica natural de las cuevas que rodean el bosque hacen que el sonido sea perfecto para nosotros. El único problema era la intermitente lluvia que amenazaba con estropearlo todo.

La gente se acomoda en el bosque sentada en bancos o con cojines en el suelo; los más tardones, atrás de pie. Marzipan Man toca antes (que como buen mallorquín tiene mundo interior y bebe herbes) y nos gusta, nos recuerda a Pigmy en su pop Barretiano y Javi conoce las canciones de The Satellites (su anterior grupo). La lluvia cae intermitente.

Nos toca. Manu se refugia con su viola (que tiene más siglos que la tierra media) debajo de una roca para evitar que se moje (una sola gota es letal) y nos lanzamos. Al final de la primera canción, la lluvia es demasiada y, ante el peligro de que el equipo explote, lo apagan.

El público sigue sentado y nos grita '¡acústico!'. Y, tras unos segundos de vacilaciones, bajamos del pequeño escenario y empezamos: Guillaine canta y todo el mundo guarda silencio; se escucha todo, lo que tocamos, lo que respiramos, los comentarios, los aplausos y la barrera entre el público y nosotros desaparece y la lluvia para.

Guillaine se transforma en una dona d'aigua y entendemos que la lluvia que paró el equipo y sólo nos deja tocar al aire sin watios molestando y separando es obra de les nimfes. Tocamos, reímos y charlamos. Mágico.

Si no me creéism poned en YouTube 'litoral sota la pluja' y veréis la escena.

Amplificar es de cobardes.

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