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El encubrimiento del 'Trajegate'

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El encubrimiento de una acción, esta es la principal lección del escándalo del Watergate, termina siendo más grave que el presunto delito, error o incompetencia inicial. La estrategia del PP en el Trajegate, que tiene como protagonista principal al presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, se ha deslizado, a partir del 6 de julio pasado, por el tobogán del encubrimiento.

Hasta entonces el PP podía alegar la presunción de inocencia para guiar su conducta. Ahora el PP ya sabe que, en un auto judicial, el juez José Flors desmiente que Camps hubiera pagado los trajes.

El PP ata a partir de dicho auto conscientemente su destino al de Camps, suscribiendo, contra todas las evidencias examinadas, lo que ya puede ser calificada como una coartada falsa, aquella según la cual el presidente de la Generalitat pagó los trajes en metálico con dinero retirado de la caja de la farmacia de su esposa.

El argumento de que este auto no es firme y que una sala de tres magistrados verá los recursos no justifica al PP. Porque lo que importa aquí son los hechos. Y aunque la calificación jurídica pueda teóricamente ser objeto de debate, los hechos que describe el juez Flors no pueden ser objeto de modificación. Son inamovibles aún cuando, como afirma el juez, nos estamos moviendo todavía en un nivel indiciario.

El encubrimiento es cualquier intento de ocultar evidencias de una conducta impropia, un error, incompetencia o cualquier información comprometedora. En cierto momento, esta estrategia implica al conjunto de la dirección de un partido u organización, aunque las personas que pudieran cometer el error o el delito hayan actuado a título individual. El PP había optado hasta ahora por defender formalmente la presunción de inocencia de Camps, pero ahora ha decido respaldarle más allá incluso del apoyo tácito. La anécdota de las anchoas revela que el encubrimiento llegará hasta donde sea necesario.

Pero la estrategia político-legal de Camps, a la que se ha visto arrastrado Rajoy, es aquella descrita en La tapadera, el thriller de John Grisham, por el abogado Mitchell Y. McDeere: 'Negar. Negar. Negar. Su teoría de la defensa penal consistía simplemente en: ¡Negar!¡Negar!¡Negar! No admitir nunca ningún hecho ni ninguna prueba que pudiera ser indicio de culpabilidad'.