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Cuando el enterrador no está en el cementerio, su orquesta lidera la fiesta

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Trabaja en un ambiente tranquilo la mayor parte del año porque es sepulturero y en el cementerio "no se queja nadie", pero Lorenzo Lara canta en su tiempo libre en una orquesta para que otros se diviertan al ritmo de "Paquito el chocolatero" o los éxitos de David Bisbal.

Lleva catorce años entre las tumbas y nichos del cementerio internacional de Benalmádena, un coqueto camposanto con jardines, vistas y una fuente que "parece un parque", pero convive con la muerte desde pequeño, pues su padre era el encargado de esta necrópolis, según ha explicado a Efe.

Su afición por la canción viene de antes, pues junto a su hermano, que trabaja en Algeciras (Cádiz) y dos amigos, formaron hace cerca de dieciséis años la orquesta "Nuevo Día", con la que actúan fundamentalmente los fines de semana.

Pero, como la muerte no entiende de días laborables, Lorenzo ha pasado en unas horas de divertir a los mortales en una actuación a un entierro la mañana siguiente, algo que le pasó en agosto de 2003 cuando falleció una de las huéspedes más ilustres del cementerio: la actriz y cantante Imperio Argentina.

Lejos de la imagen clásica del enterrador mayor, serio e introvertido forjada por la literatura y el cine, a sus 36 años Lorenzo conversa amigablemente con los visitantes del cementerio y vecinos de este municipio de la Costa del Sol, a quienes ya no sorprende su doble faceta porque "lo tienen asimilado".

De hecho, su orquesta ha actuado en numerosas ferias y galas locales en Málaga y Cádiz, donde siempre el objetivo es animar al público, al que adecúan el repertorio según su edad para que la fiesta no decaiga.

Lo que empezó como un coro rociero se transformó en un cuarteto especializado en "música pachanguera" que tiene "la ventaja" de que ninguno de sus integrantes viven de la música, ha apuntado.

Estos días, con motivo de la conmemoración de la festividad de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, tiene más trabajo del habitual, pero el resto del año el cementerio es el lugar "donde más tranquilo se puede trabajar", pues se registran en torno a 90 entierros anuales.

Aunque "es un trabajo como cualquier otro", reconoce que todo lo relacionado con la muerte se sigue considerando un tema "tabú", y por ello no es una profesión demandada.

De hecho, los ataúdes se colocan con la ayuda de cuerdas en las tumbas, como antiguamente, y para ayudarle a esta tarea no resulta fácil encontrar voluntarios.

Pese a la tranquilidad reinante, en el cementerio no se aburre: desde organizar entierros a podar los setos, regar los jardines, retirar flores secas o barrer, aunque también se pasan malos tragos cuando el fallecido es un niño, ha comentado Lorenzo, que tiene dos hijos.

Ha insistido en que, como en otras profesiones, durante el tiempo libre "hay que desconectar del trabajo", y él lo consigue cambiando de escenario.

Compaginar su labor de sepulturero con la de cantante ha motivado más de una sorpresa, caso de una cena en la que al preguntarle a qué se dedicaba les dijo que era enterrador y añadió: "y canto en una orquesta", con lo que "lo rematé".

Además de ferias, bodas y verbenas, la orquesta "Nuevo Día" actúa en Nochevieja, con lo que Lorenzo no sólo despide a los difuntos, sino también el año.

Por María del Mar Domínguez