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Antes erais unaen dos, y ahora sois dos en una

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José Saramago era un hombre sabio. No lo digo yo, ni las muchas personas que hoy le rendirán homenaje, lo dicen sus obras literarias y su calidad humana, su profundidad de pensamiento y su forma de acercarse a los demás, con la sencillez y generosidad de los que no tienen que demostrar nada. Le conocí hace casi 20 años, cuando presentó el libro de mi hermana Dulce Algún amor que no mate, y dijo que los amores que matan no son tales, porque el amor esincapaz de matar. Aunque fuera sólo por eso, ya se merecería el calificativo de sabio.

Años después, tras la muerte de mi hermana, pronunció la frase con la que he titulado estas líneas, una muestra más de su generosidad, que facilitó que me reconciliara con el hecho de que algunas personas se acercasen a mí con una especie de desasosiego que les llevaba a decir: 'Ay, Inma, es que te miro y se me pone la carne de gallina'. 'Uf, déjame que me recupere del susto. Por un momento pensé que estaba ante un fantasma'.

Incluso, el dependiente de una gasolinera, en la que solíamos repostar las dos, un joven encantador que no debió de darse cuenta de lo que estaba diciendo llegó a preguntarme: 'Entonces, ¿cuál es la que se ha muerto?'.

Se cumplía así uno de los miedos que me habían asaltado desde que supe que me quedaría sola en el espacio que antes había compartido siempre con ella. Resulta difícil de explicar, mi miedo no era que me confundieran con mi gemela eso había ocurrido toda la vida, sino que la confusión supusiera un dolor añadido para la gente que la quería. Que mi presencia les recordase su ausencia. Que mi parecido con ella pudiera aumentar su dolor.

Para evitarlo, decidí cortarme el pelo y teñirme de caoba. Y así estuve durante una temporada, hasta que decidí animada, entre otras cosas, por las palabras deSaramago que tenía que procurar que los demás entendiesen que no sólo yo me parecía a mi hermana, sino que ella también era la que se parecía a mí.

Fue en la entrega de un premio literario, cuando José me saludó con una frase parecida a la que había escuchado tantas veces: '¡Ay, Inma! Cada vez que te veo'. Yo le contesté temiendo que sus palabras guardasen el mismo desasosiego que había visto en otros: '¿Pero, será bonito, no? ¿Será bonito?'. Y él con esa sabiduría que le convirtió en uno de los referentes más importantes de nuestra cultura, me contestó: 'No tepreocupes. ¡Claro que es bonito! Antes erais una en dos, y ahora sois dos en una'.

Gracias, José, por esa frase que guardaré para siempre junto a tu memoria. Si como creen algunos, ahora estás en alguna parte, ojalá puedas sentir el cariño con el que escribo estas líneas yo sola, como si fuésemos dos.