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Eriksson busca acallar a los críticos con Costa de Marfil

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Sven-Goran Eriksson vivió grandes complicaciones como seleccionador de Inglaterra y México, pero ahora el sueco tiene la oportunidad al frente de Costa de Marfil de demostrar que tiene mucho más que dar que ser carne de chismes de periódicos.

Satirizado al final de su periodo como seleccionador inglés y desprestigiado en América Latina por no reconocer la idiosincrasia del fútbol mexicano, Eriksson tiene toda la materia prima en Costa de Marfil para demostrar a sus detractores que estaban equivocados.

Su nombramiento como seleccionador del país africano tuvo lugar apenas tres meses antes del comienzo del torneo en Sudáfrica, en un regalo inesperado.

El sueco de 62 años dirigió a los ingleses en los dos últimos Mundiales, pero no pudo sacar provecho a una gran generación ni cumplir con las expectativas de la prensa británica.

Su trabajo en Costa de Marfil marca un fuerte contraste. Con los africanos, necesita unir a un grupo heterogéneo sólo unas semanas antes del Mundial, por lo que no tendrá una gran presión para cumplir con éxito su misión.

El "sí" llegó semanas después de dejar el Notts County, de la cuarta división inglesa, donde se había visto envuelto en un oscuro proceso de financiación del equipo, en un proyecto que pretendía llevar al pequeño club a la Liga Premier en el menor tiempo posible.

La reputación de Eriksson ya se había visto dañada por su paso por el Manchester City y en México, sus otros destinos tras la selección de Inglaterra en la última Copa del Mundo.

Pasó una sola temporada en el City y fue despedido por los mexicanos después de nueve meses, tras llevar al "Tri" a un comienzo terrible en las eliminatorias para la Copa del Mundo de Sudáfrica.

Eriksson llegó a la selección de Inglaterra en 2001 como el primer extranjero de uno de los puestos más prestigiosos del fútbol mundial.

Por esto, fue un objetivo constante de muchos detractores y de la prensa, incluida la de celebridades, por su fama de mujeriego y ciertos romances que se le atribuyeron mientras dirigía a la selección inglesa.

El de Inglaterra fue el primer cargo de Eriksson en una selección, pero antes ya que había trabajado en importantes clubes de Italia y de Portugal.

Sus éxitos incluyen una Supercopa de Europa en 1999 con la Lazio y el título de la Serie A al año siguiente con el mismo equipo. También fue campeón de Portugal con el Benfica.