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La escritora cubana Zoé Valdés dice que la verdadera resistencia del exilio es la lengua

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La escritora cubana Zoé Valdés, que acaba de publicar su última novela, "El todo cotidiano" (Planeta), considera que "la verdadera resistencia del exilio es la lengua", que actúa como una tabla de salvación.

Durante una entrevista mantenida con EFE, Valdés ha dicho que "en el exilio, uno trata de seguir aferrándose a su lengua como tabla de salvación", reconoce la escritora, que predica con el ejemplo con el lenguaje utilizado en su última novela, repleto de 'cubanismos'.

Zoé Valdés plasma la imagen del exilio en un edifico parisino del barrio de Marais repleto de cubanos, pero también da voz a una polaca, una rusa, un matrimonio noruego ecologista y un brasileño, entre otros, en un intento de globalizar el desarraigo.

Residente en este barrio desde hace quince años, la verdadera Zoé subraya que "el edificio y los personajes que narro son reales -yo viví allí-, pero mezclé sus caracteres y también aporté pinceladas de mi vida en una novela en la que combino realidad y ficción"

Una ficción que se torna en realidad pura y dura con el personaje de "La Ida", en homenaje a su madre Gloria, con la que la escritora vivió en París durante los dos últimos años de su vida "y que me proporcionó una paz interior de la que yo carecía".

"Yo pensaba escribir la novela con "La Ida" como el eje de la historia y apuntalé este entrañable personaje, pero Yocandra, una mujer en busca del amor y de la libertad, fue tomando protagonismo hasta apartarla a un segundo plano", nos apunta Zoé.

"Me gustaba mucho recordar a mi madre, pero escribir su perfil fue lo más doloroso de la novela porque me esforzaba en que no se me escapase ningún detalle y que fuera lo más autobiográfica posible para que el lector pudiera interpretar su personalidad", advierte Valdés.

"Para mi madre, el exilio fue como volver a nacer, nunca estuvo melancólica, sino con ganas de aprender; se comportaba con la ilusión de un niño que aprende cosas nuevas, aunque con un carácter mucho más explosivo y nunca quiso volver a Cuba ni saber nada de su enfermedad", enfatiza la escritora.

Valdés reconoce que "el exilio te impone mezclarte con los amigos que nunca hubieras escogido en Cuba, porque uno se siente abandonado y se aferra al que llega, aún a riesgo de equivocarse, como le ocurre al personaje de Yocandra."

"A mí no me ha ido mal porque me he encontrado con gente muy valiosa, he conocido a personas con muchas ganas de aprender y de comprometerse y eso me ha enriquecido", subraya.

Para la escritora, "el exilio también te hace desear rodearte de un gran entorno afectivo que yo suplo con mi marido, mi hija y mis amigos y el recurso de vivir siempre en el mismo barrio...¡Ay!, el concepto de barrio del pueblo cubano!", enfatiza con añoranza.

Zoe Valdés desearía estar en Cuba "en el momento del cambio y ver a la gente muy, muy feliz", pero reconoce que sólo se quedaría a vivir allí definitivamente "si pudiera aportar algo".

Una democracia como en Costa Rica sería el sueño de Zoé Valdés para su Cuba natal, pero "jamás, jamás, me meteré en política, ya que sólo me interesa a través de la literatura".

"No creo en nada que tenga que ver con este mundo cada vez más politiquero y más sombrío; sólo creo en la literatura, en los escritores que me dan miedo de la vida y me hacen confiar en el arte, como Jorge Luis Borges, Mújica Laínez, Sándor Márai, Jeah Rhys y otros pocos más...". Es una frase de Yocandra, la protagonista de su última novela, que Zoé Valdes asume en su totalidad.