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Un escultor recicla en arte contemporáneo el hierro de los trebejos agrarios

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El abulense Juan Jesús Villaverde, de 51 años, recicla desde hace cinco años el hierro procedente de la maquinaria y antiguos trebejos agrícolas para convertirlo en sorprendentes obras de arte que ahora pueden verse en el castillo de Arévalo (Ávila).

Villaverde, natural de Sanchidrián, aunque afincado en la capital de la comarca de La Moraña desde hace 26 años, muestra las 32 piezas que ha realizado en su taller desde 2006 en una exposición que permanecerá abierta en la fortaleza mudéjar hasta el próximo mes de julio.

La vena artística comenzó a brotar en 1993, cuando este constructor, ahora incapacitado para su trabajo desde hace un año, impartía una escuela taller en Arévalo, junto a un experto en forja que le "despertó el interés", ha explicado hoy a Efe.

Mientras enseñaba a sus alumnos el oficio de albañil, Juan Jesús Villaverde también trataba de aprender los entresijos de la forja, aunque no fue hasta el año 2006, cuando realizó su primera composición, inspirada en una pieza que vio en Francia.

Desde entonces, ha realizado más de una treintena de esculturas, aprovechando los materiales de hierro procedentes de las actividades agrícolas y ganaderas de esta zona situada al norte de la provincia de Ávila denominada La Moraña.

Algunas piezas las obtiene de algún taller agrícola que repara tractores, mientras que otras las consigue de tiendas que venden maquinaria y en las que los clientes dejan algunos materiales para que él las emplee en la que se ha convertido en su pasión artística.

Algunos vecinos de la zona que ya no van a emplear las piezas se las entregan, al igual que hacen determinados labradores con los que que Villaverde dice tener una muy buena relación.

Las piezas, materia de prima de arte, oscilan desde piñones de engranaje a turbinas de motores de hierro hasta dientes de excavadora, cadenas, alcachofas de riego, picos, cigüeñales, las tomas de fuerza o las denominadas hojas de vertedera -arados especiales con las hojas más dobladas hacia el exterior-.

Estas últimas las ha empleado en algunas de sus piezas a modo de alas de cisne, mientras que las cadenas le han servido para recrear telas de araña y los dientes de excavadora para simular los pies de algunos de sus personajes.

La mayor parte de la treintena de sus piezas son figurativas -personas y animales fundamentalmente-, aunque de vez en cuando se va atreviendo con la abstracción.

Teniendo en cuenta que la operación a la que fue sometido hace un año le ha dejado "incapacitado" para su trabajo, ahora esta actividad le ayuda a "estar distraído".

Como no puede realizar tareas que impliquen coger peso, dispone de poleas y otros instrumentos que le facilitan su trabajo en el taller ubicado en una parcela situada a dos kilómetros de Arévalo.

Tras exponer en algunos pueblos de Segovia y Ávila, ahora sus 32 piezas han recalado en el castillo de Arévalo, donde pueden verse hasta el mes de julio los fines de semana y festivos.

Por Antonio García.