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España está a la cola de Europa en criminalidad

Los datos policiales demuestran que el nivel global de delincuencia está por debajo de la UE

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¿España es un país seguro? 'Sin duda. Los datos reflejan que somos uno de los países más seguros de nuestro entorno. Nuestras tasas de delincuencia están muy por debajo de las que presentan Reino Unido, Alemania o Francia.

Estamos 20 puntos por debajo de la media de la UE, y a la cola de Europa en cuanto a la criminalidad'. Antonio Camacho, secretario de Estado de Seguridad, no vacila en su respuesta.

Sociólogos, policías, abogados y políticos coinciden en el diagnóstico del número dos del ministerio del Interior. Y las estadísticas oficiales lo ratifican. En 2006, la tasa de criminalidad en España se situó en 50,7 delitos por cada mil habitantes.

Son casi 70 puntos menos, por ejemplo, que los niveles que presenta Suecia, un país que es todo un ejemplo a seguir para muchos por su civismo, perfección y orden.

La sociedad, por contra, no es tan optimista, y los ciudadanos perciben que hay inseguridad en las calles. ¿A qué se debe esta distorsión tan radical?

Los expertos apuntan, entre otras causas, a la 'desmedida atención' que otorgan los medios de comunicación a la crónica negra y los sucesos. Y también a los 'discursos políticos', muchas veces 'con réditos electorales', que ayudan a retroalimentar la teoría.

Sentimiento de inseguridad

Todo ello provoca que 'existe un sentimiento de inseguridad generalizado y un temor al delito muy alto, que no se corresponde para nada con la realidad'. Lo afirma José Luis Díez Ripollés, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Málaga, y experto analista de la delincuencia en España.

Los sociólogos coinciden con esta teoría. En el último congreso de la Federación Española de Sociología, celebrado el pasado mes de septiembre, se presentaron varias ponencias sobre este tema. Las conclusiones son unánimes: la inseguridad tiene un claro componente subjetivo, lo que provoca un 'efecto muy distorsionado' de la realidad.

'La delincuencia no constituye un problema social en España', sentencia Díez Ripollés, quien basa su afirmación tras un análisis de los datos anuales que maneja el Ministerio del Interior. Según las cifras oficiales, las tasas de delitos más graves y violentos son casi anecdóticas, ya que representan un 7,9% del total de los delitos en 2006.

¿Mucha o poca sangre?

El índice de homicidios, por ejemplo, es el más bajo desde 1999. Aún así, el número de delitos con violencia ha sufrido un ligero incremento, debido casi de forma exclusiva al aumento por denuncias de violencia machista. Desde Interior reconocen que uno de sus ejes de actuación es el de la protección a colectivos de riesgo, como son las mujeres que padecen la violencia de género, y los jóvenes.

Las asociaciones de víctimas, mientras, son mucho más cautas a la hora de valorar el estado de la criminalidad. 'Somos muy críticos con los datos oficiales. No nos fiamos', afirma José Miguel Ayllón, presidente de la Asociación Nacional de Víctimas de Delitos Violentos (ANVDV). Este abogado, junto a un grupo de colaboradores, asesora y proporciona todo tipo de ayuda a las personas que han sufrido algún ataque grave.

Ayllón lamenta 'la desinformación total y absoluta' que tienen las víctimas, sometidas a 'la soledad y el abandono' por parte de la Administración. 'En España impera la impunidad. Los datos son preocupantes porque no hay políticas de prevención ni de atención', explica.

La ANDVD mantiene reuniones periódicas con políticos, policías y especialistas, y ha llegado a una conclusión: 'la legislación actual es insuficiente y no sirve para resarcir a las víctimas'. 'Si no se ponen todos los medios posibles, es imposible luchar contra la delincuencia', concluye Ayllón.

El legado del PP

El secretario de Estado de Seguridad no comparte estas críticas. Antonio Camacho resalta el esfuerzo del Ejecutivo en esta legislatura con un objetivo claro: reducir la tasa de delincuencia de 2002.

'La más alta de nuestra historia', recuerda. 'Cuando llegamos al Gobierno, en 2004, nos encontramos con un sistema público de seguridad famélico, en el que apenas se invertía y que presentaba un déficit de personal dramático.

Entonces el Gobierno del PP utilizaba aquel discurso de barrer de las calles a los pequeños delincuentes cuando lo que en realidad hacía era barrer de las calles a los policías', destaca el mandatario. 'La situación era nefasta, pero hoy el panorama ha cambiado', añade Camacho.

Puede resultar una paradoja, pero este panorama casi idílico cambia en el ámbito de las infracciones contra el patrimonio. Es decir, robos y hurtos. Aquí las cifras se disparan y España se coloca en las posiciones de cabeza de la UE.

Los 'fuertes problemas de desigualdad' que ha vivido históricamente España ayudan a explicar que estos fraudes no desciendan, dicen los expertos. 'Quizá la conducta más inquietante es la de los robos con violencia', afirma José Luis Díez Ripollés en un artículo publicado en la Revista Española de Investigación Criminológica.

El estudio pone de manifiesto que 'la criminalidad española no ha variado desde hace muchos años'. Y aporta una cosa más: los hurtos y robos configuran el 70% del conjunto de los delitos.

Galicia y Baleares, cara y cruz

Estas cifras son las que maneja, por ejemplo, Manuel Ameijeiras, delegado del Gobierno en Galicia. Esta región es la segunda Comunidad Autónoma con menor tasa de criminalidad de España, con un 27,1 infracciones por cada mil habitantes.

Sólo La Rioja, por una décima (27,0), está por debajo de Galicia. Una de las causas principales de estos buenos resultados es, para Ameijeiras, 'la profesionalidad y eficacia de las Fuerzas de Seguridad del Estado'. Aún así, cree que aún hay que mejorar 'para que esas buenas cifras se traduzcan en una buena percepción de seguridad para los ciudadanos'.

Las islas Baleares están en el otro extremo de la balanza. Su índice de criminalidad no deja lugar a las dudas: 78,8 delitos por mil habitantes, el más alto de España con diferencia. 'Aunque ha descendido el 13% respecto a 2002 y estamos muy satisfechos', proclama Ramón Socías. Él es el delegado del Gobierno en Baleares, y asume que 'las cifran son altas'.

Pero todo tiene su explicación. 'La población real en las islas (hasta tres millones de habitantes durante siete y ocho meses) es mayor que la censada (un millón), porque hay muchos turistas que vienen a trabajar. Y eso incide directamente en la estadística', mantiene Socías.

Su discurso, en cualquier caso, es de optimismo y tranquilidad: 'Somos un destino turístico a nivel mundial y eso es por algo. En la calle no hay sensación de miedo y la gente que viene a vernos disfruta de sus vacaciones sin problema'. Pero reconoce que hay cosas que reforzar, como la colaboración con cuerpos de policía extranjeros y el intercambio de información con terceros países.

El falso mito de la inmigración

Una teoría muy extendida es la que vincula directamente la inmigración con la delincuencia. En otras palabras, la población extranjera incide de manera negativa en los índices de criminalidad de España. ¿Verdad o mentira? Los datos desmontan el bulo. 'En 2002, con la mitad de inmigrantes, la tasa de criminalidad era 1,5 puntos superior a la de 2006. Por lo tanto, no hay correlación entre inmigración y delincuencia, por mucho que algunos responsables o, mejor dicho, irresponsables políticos se empeñen en establecer esa conexión', garantiza el número dos de Interior. 'La inmigración aporta desarrollo y pluralidad, no inseguridad', remacha Antonio Camacho.Los expertos comparten esta teoría, aunque son menos rotundos.

econocen que los datos que manejan no tienen la suficiente fiabilidad como para poder sostener que el colectivo inmigrante delinque más que el resto. 'Sí es verdad que su situación en España es más complicada. Su entorno laboral es más difícil, tienen menos recursos.

Muchos no tienen trabajo y eso les hace sentir más indefensos, lo que supone un factor de riesgo', declara Díez Ripollés. Pero la deducción a la que llega está clara: 'Sin negar el origen extranjero de una parte de la criminalidad española, no se puede decir que su presencia sea determinante a la hora de explicar los actuales niveles de delincuencia españoles'.