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España privilegia los negocios en Guinea

Moratinos evita cualquier referencia a la situación de los derechos humanos en el país

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La realpolitik en versión española tiene su capital en Malabo. 41 años después de la independencia de Guinea Ecuatorial y otros tantos de desencuentros, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, llegó ayer a Malabo encabezando una amplia delegación de empresarios y políticos dispuestos a abrir una nueva etapa que permita a España pellizcar algo, aunque sea un poco, del boom de la ex colonia convertida en un petroestado.

Los daños colaterales inevitables para que esta 'nueva etapa' tenga alguna viabilidad una vez ya atrincherados en el país EEUU, China e incluso Francia son los derechos humanos, pisoteados por el régimen de Teodoro Obiang, que cumple 30 años ininterrumpidos en el poder. La euforia de Moratinos ante las expectativas que se abren en el único país que habla español en el África subsahariana de poco más de 500.000 habitantes se evidenció nada más pisar Malabo, cuando compareció junto a su homólogo ecuatoguineano, Pastor Michá, ensalzando los avances del país.

De paso, siguiendo una lógica similar, Moratinos 'homenajeó' al más veterano de su delegación: el senador del PP Manuel Fraga, que en 1968 firmó como ministro de Franco el acta de la independencia.

'Guinea Ecuatorial es un país soberano, moderno, dinámico y próspero', subrayó Moratinos bajo un retrato de Obiang. No hubo la más mínima mención a la situación de los derechos humanos en el país ante las autoridades locales, a pesar de que, la víspera, un demoledor informe de Human Rights Watch revelaba con todo lujo de detalles cómo la corrupción, el nepotismo y el abuso de poder del clan gobernante hunde en la miseria económica y de derechos a más del 60% de la población.

'En esta importante visita tenemos un mensaje muy claro de amistad, reencuentro y fortalecimiento de las relaciones', afirmó Moratinos, quien destacó su 'profundo respeto al pueblo, a las autoridades y al presidente' del país.

España se agarra a algunos timidísimos avances como que Obiang aceptó en noviembre la visita de un relator de la ONU, que tras visitar el país denunció que la tortura es sistemática para justificar la condescendencia con el régimen. Y los diplomáticos insisten en que la mejor forma de influir es dejar de dar la espalda a esta sociedad que fue colonia española y que ante las exigencias de España ha buscado otros socios.

Con casi 400.000 barriles de petróleo diario, la minúscula Guinea Ecuatorial es el cuarto productor de crudo del África subsahariana y tiene enormes yacimientos de gas. Esta ebullición se ha traducido en crecimientos superiores al 15% anual en la última década, lo que abre también terreno para inversiones en la construcción y los servicios.

La importancia de Guinea Ecuatorial para España no se limita al enorme potencial de este país, sino que va incluso más allá. Guinea sería el punto de entrada al Golfo de Guinea, que en su conjunto producirá en 2020 tanto petróleo como hoy el Golfo Pérsico, según estimaciones de EEUU. Y aquí se levantaría la base española para todo el África subsahariana, una prioridad del Gobierno de Zapatero.

Este viaje de la delegación española, que el ministro de Exteriores ecuatoguineano calificó de 'histórico' y el 'preludio de una estrecha colaboración', refleja hasta qué punto el giro del Gobierno español que se centra ahora en el negocio y no en la democratización es una política de Estado compartida por todos los partidos, salvo Izquierda Unida, el único ausente en la comitiva.

El diputado Gustavo de Arístegui, el representante del PP, repitió un discurso clónico al del ministro: España, dijo, 'ha olvidado' durante demasiado tiempo a su ex colonia y tiene que aprovechar su ventaja competitiva de la misma forma que los otros países occidentales logran en sus ex dominios. A su juicio, ello 'no es contradictorio con la firmeza a favor de los valores democráticos' y situaría a España en mejor posición para influir.