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España contra su techo

La Roja hace esfuerzos por contener el optimismo y no considerar inferior a Paraguay. La selección está a una victoria de asegurar la mejor clasificación de su historia en unos mundiales

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España está muy cerca de su techo. No de la meta, porque este equipo mira directamente hacia el título, pero sí de la mejor clasificación en un Mundial de toda su historia. Van ya 18 ediciones, doce con La Roja en la fase final, y el cuarto puesto de Brasil 50 sigue siendo la mejor marca (con otro formato, menos participantes, 13, y una liguilla final). Si la selección derrota esta noche a Paraguay vencerá por primera vez el viejo estigma de los cuartos de final (cuatro veces se quedó ahí) y tendrá garantizada al menos esa vieja cuarta plaza que luce como hazaña más importante en su cuadro de honor.

La selección sabe la trascendencia histórica del momento en el que está metido. Y vuelve a estar crecida, a sentirse la mejor. La primera fase se convirtió en un tormento inesperado, pero las sensaciones de la segunda parte ante Portugal, en octavos, le han devuelto la seguridad y la confianza. Del Bosque alerta con insistencia contra el riesgo de que la vista se vaya más allá del siguiente partido, que se desplace antes de tiempo a las semifinales, donde esperaría, ya sí, un adversario de los temibles, Argentina o Alemania. España hace esfuerzos por no declararse superior a Paraguay. Pero el optimismo se le sale de la camiseta.

España espera el guión de costumbre. Un adversario escondido en su campo, cerrado y agresivo, que vivirá pendiente de la circulación de balón de La Roja. Un partido que ha jugado ya muchas veces, casi siempre con éxito. Aunque no precisamente en este campeonato, donde se han producido errores que deben servir de referencia o lección. Las estadísticas de lo que va de Mundial ilustran sobre el partido de cuartos que va a darse en Johannesburgo. Paraguay ha cometido 72 faltas (el tercero que más), España sólo 43. En los últimos minutos del encuentro ante Portugal, Xabi Alonso recibió la primera amonestación de La Roja. A esas alturas, Paraguay ya llevaba cinco.

El equipo suramericano es un especialista de la destrucción. Recurre a todas las suertes para frenar al contrario, tira hasta de las manos (siete ha cometido, por una España). Un conjunto con oficio, solidario y hermético, que se metió en Suráfrica con los mismos puntos que Chile y sólo uno menos que Brasil. Con mejor nota que Argentina y Uruguay. Es suramericano y eso, según el certero análisis de Del Bosque, le convierte más en un club que en una selección. Sostiene el técnico que juegan tantos partidos oficiales juntos que adquieren automatismos y sincronizaciones que en Europa son imposibles. Un equipo contra una selección, ése es el temor.

Pero España, en realidad, es también eso. Más un equipo que una suma de individualidades. Vestida otra vez de azul, repetirá la alineación que amenaza a recitarse de memoria con el paso de los años. La misma que acabó con Chile y tumbó a Portugal. Los debates externos a propósito de la conveniencia de otros onces han servido para llenar páginas de periódicos, pero no han llegado a la cabeza del entrenador.

Torres volverá a ser el referente en punta, Villa buscará su estado de gol desde el costado izquierdo y Casillas seguirá siendo el guardián de la portería. Pero la clasificación se cuece en el medio del campo: Busquets y Xabi, doble pivote, y Xavi, enganche. Pero no es tanto su presencia en el once como su posición y movimientos los que marcarán el partido. La consigna es insistir en lo que ocurrió en el último tramo ante Portugal, que se asocien, pero también se separen. Y, a poder ser, que Xavi baje a por el timón y se acerque más a Busquets que Xabi para hacerse con la pelota. No ha sido lo habitual. Pero sí lo que ocurrió en los minutos que devolvieron a España la confianza en sí misma. Las semifinales están ahí.