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España toma hoy el control del aeropuerto de Kabul

Con el aumento previsto de tropas, los militares españoles llegarán a 1.300

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Un abundante polvo color caqui se arremolina cuando el avión aterriza en el aeropuerto de Kabul. Ha sido un descenso arduo y complicado en el único valle disponible de ese esbelto sistema montañoso que rodea la capital afgana. Los viajeros descienden por la escalerilla y se encuentran de bruces con el esqueleto del que un día fue un aparato de la compañía Ariana. A pocos metros, algunos pordioseros revuelven la basura derramada de un contenedor en el que hay aparatos eléctricos inclasificables.

Este es el aeropuerto que a partir de hoy estará controlado por las tropas españolas desplegadas en el marco de ISAF, la fuerza internacional en Afganistán bajo mando de la OTAN. En total, 66 militares y cuatro guardias civiles velarán por la seguridad y buena gestión de este aeródromo, otrora escenario de sangrientos enfrentamientos entre los muyahidines y los soldados soviéticos, cuando los derribos de helicópteros del Ejército Rojo eran habituales.

Hoy la violencia ha cambiado de rostro y de nombre, pero sigue planeando en el ambiente con la misma tenacidad de entonces. Hace tres semanas un terrorista suicida se inmoló a las puertas de estas instalaciones, matando a dos civiles e hiriendo a tres soldados belgas. A los 16 kilómetros de carretera que unen el aeropuerto con la capital los llaman 'la ruta de la muerte', por la cantidad de artefactos que explosionan al paso de los convoyes de militares extranjeros.

Pero la principal preocupación española este otoño no estará en Kabul sino en la zona bajo su control en el norte y en el oeste, hacia donde se está desplazando la insurgencia huyendo de la presión que sufre en el resto de Afganistán.

En total, 66 soldados y cuatro guardias civiles protegerán el aeródromo

La provincia de Baghdis está cada vez más revuelta, y en ella el valle de Bala Burghab se ha convertido en un nido de insurgentes con etiquetas varias que van desde los talibanes hasta los traficantes de armas y drogas, que sólo quieren impedir que la OTAN imponga orden en su desorden criminal, nacionalista o yihadista. De ahí el refuerzo de 200 soldados que se desplegarán en la base española de Qala i Now, en el norte. Otro foco de tensión será el puerto de Sabzak, ruta obligada de paso para las tropas españolas que van de Herat hacia Qala i Now, una angosta carretera donde un destacamento tuvo que combatir durante cinco horas con un grupo de insurgentes en septiembre.

El aumento de efectivos españoles, que llegarán a 1.300, se produce en un momento crucial para el futuro de las tropas extrajeras y la búsqueda de una nueva estrategia en Afganistán, y justo cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se dispone a dar el golpe de timón milagroso que salve a su Administración de un fiasco militar que le dejaría en evidencia a los ojos de su opinión pública y del mundo.

Obama no disimula sus dudas ante la compleja situación afgana, y deshoja la margarita acerca de enviar o no más tropas al país, como le ha pedido su hombre en la zona, el general Stanley McChrystal, quien advierte que de otro modo se perderá la guerra. Hasta el momento, todos los refuerzos de tropas han resultado estériles en un país donde los talibanes ya controlan una tercera parte del territorio y están presentes en el resto.

La insurgencia se está desplazando a la zona bajo control español 

Obama, la OTAN y las tropas españolas están atrapadas en el dilema afgano. A más soldados extranjeros, más violencia, de modo que el avance de la insurgencia parece imparable. El martes un atentado con una mina artesanal acabó con la vida de más de 30 civiles que viajaban en autobús a Kandahar, bastión talibán del sur.

Mientras, el presidente, Hamid Karzai, declarado ganador en primera vuelta de las elecciones celebradas en agosto, espera a que la comisión encargada de revisar el escrutinio le dé el visto bueno definitivo, a pesar de las evidencias de fraude masivo.