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España y la incógnita sobre las cebras

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Por Carlos Castellanos

Una victoria balsámica que devuelve la calma tras la desmedida ansiedad que se instaló en el país por la derrota frente a Suiza en la primera jornada del Mundial. España superó a la débil Honduras con más holgura de lo que sugiere el 2-0, aunque la prioridad era sumar tres puntos para procurar ganarse un sitio en los octavos de final.

La tentación, por el triunfo, es decir que España mejoró su juego con respecto al estreno ante los helvéticos pero, salvo algunos detalles, la actuación del equipo de Vicente Del Bosque fue muy similar. La principal diferencia entre ambos partidos fue el planteamiento y la forma de defender de los hondureños con respecto a los suizos.

En su debut, España encontró un equipo que defendió de forma compacta en el borde del área y que prefirió entregar las bandas a su rival con el fin de proteger el medio y reducir al mínimo el número de remates. Honduras, por el contrario, jugó con una defensa más abierta y persiguió la pelota en vez de cubrir zonas, lo que provocó un desgaste inútil y una concesión de espacios que España agradeció.

Además, Honduras fue inocentemente generosa en sus intentos de llegar arriba; en las pérdidas de balón y la lentitud de sus repliegues.

Como ante Suiza, España tuvo el manejo de la pelota y mostró velocidad y precisión en el pase, por lo que la mayor libertad que disfrutaron sus hombres en la noche del lunes les hizo más eficaces en la generación de ocasiones de gol aunque no en la definición. También mostró las mismas carencias defensivas cuando debió recular para poner coto a los tímidos contraataques centroamericanos, provocando momentos de zozobra innecesarios en la última línea.

Lo más positivo del planteamiento de Del Bosque fue el desplazamiento de David Villa desde la posición de delantero centro a la banda izquierda, donde se encuentra más cómodo y resulta más influyente. Villa aprovechó esa posición, que seguramente ocupe más de una vez en el Barcelona, para arrancar casi siempre en diagonal, buscando su pierna derecha preferida, y así vino el primer gol.

La modificación, que sacrificó a Andrés Iniesta y David Silva, permitió devolver la titularidad a un desacertado Fernando Torres y aunque sobre el papel España jugó con dos delanteros, la disposición táctica fue la misma que en el partido anterior: tres centrocampistas por el medio, dos jugadores en las bandas y un centrodelantero. Con Villa volcado hacia un costado, sin embargo, se añade presencia en ataque y llegada al área rival.

España se juega todo en el último partido frente a Chile y todavía puede ser primera, segunda o tercera de su grupo. Los sudamericanos serán el rival más duro hasta el momento por el afán ofensivo y las rápidas internadas por las bandas de los dirigidos por Marcelo Bielsa, aunque su arriesgada apuesta también podría ser causa de su eliminación.

Por el momento, hay que saborear una importante victoria, más allá de las valoraciones sobre una mejora o no del juego, o si la diferencia entre los dos primeros partidos radicó en la actuación del rival. Como dice el renombrado entrenador Xavier Azkargorta, sobre semejantes discusiones: "Es como preguntar si las cebras son blancas con rayas negras o negras con rayas blancas".