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Los españoles convertimos en basura más de 300.000 toneladas de ropa al año

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Más de 300.000 toneladas de ropa usada, mucha en perfecto estado, acaban cada año en la basura o en los contenedores que han proliferado en las calles de muchas poblaciones españolas. Ropa y calzado que, en un porcentaje elevado, se venderá después en los mercados del África más pobre.

Esa importante cifra es solo una parte de los residuos de origen textil -otra procede de la industria- que se generan en España y que suponen casi el 4% del total de los desechos que tienen origen doméstico, según estimaciones del Ministerio de Medio Ambiente.

El mismo Ministerio estimaba en 2004 que cada español produce al año más de 520 kilos de residuos.

El citado 4% tiende a crecer ya que cada vez compramos más prendas de vestir y las utilizamos durante menos tiempo, aunque también es mayor la concienciación sobre la necesidad de reciclarlas.

La irrupción en el mercado español, como en otros muchos del mundo, del textil chino, más barato aunque de muy baja calidad, ha influido en ese incremento y en el hecho de que en ciudades como Madrid organizaciones humanitarias como Traperos de Emaús hayan decidido hace tiempo no recoger ropa usada. "No tiene salida, porque quien la necesita la puede comprar nueva y a muy bajo precio", dijo a EFE un portavoz.

Los Ayuntamientos no tienen de momento la obligación de recoger los residuos textiles pero muchos han suscrito acuerdos con ONG y otras organizaciones para que puedan instalar en las calles contenedores en los que depositar la ropa usada, junto a los de papel, cartón y vidrio.

UN CONTENEDOR POR CADA 3.000 HABITANTES

En el Plan Nacional Integrado de Residuos (PNIR) para 2008-2015 se prevé una dotación de contenedores para la recogida selectiva de ropa vieja en la proporción de al menos uno por cada tres mil habitantes. La realidad hoy está muy lejos de ese objetivo.

Estudios de la Unión Europea concluyen que los ciudadanos comunitarios -y los españoles no somos una excepción- nos desprendemos al año de entre 7 y 10 kilos de ropa, lo que ha dado pie a un "negocio" solidario a escala mundial sobre el que no escasean las críticas.

La Federación Internacional de Trabajadores del Textil ha reprochado en numerosas ocasiones que un acto solidario y generoso, como es donar la ropa que se acumula en los armarios del mundo desarrollado, se haya convertido en un negocio multimillonario.

Humana, multinacional inscrita en España como asociación humanitaria y como ONG, y que acapara este negocio en varios países europeos, calcula que de los aproximadamente siete kilos que cada español desecha al año sólo medio es recogido para su posterior reciclado.

Una de los grandes compañías textiles del mundo, la española Inditex, que en 2006 puso en el mercado, en sus tiendas repartidas por los cinco continentes, más de 528 millones de prendas, produjo 2,59 kilos de residuos por cada 1.000, si bien dos años antes, en 2004, fueron 5,5. "Nuestro objetivo empresarial es seguir reduciendo esa cifra", dijo a EFE un portavoz de la multinacional.

Los residuos que genera tan millonaria producción son enviados a una planta de reciclado en la localidad alicantina de Alcoy donde, tras su clasificación por tejidos y colores, se transforman en hilo, material aislante o en tapizado para coches. "Son residuos con valor económico y salida al mercado", destacan en Inditex.

La ropa y el calzado tienen un nivel de aprovechamiento considerable gracias a la recogida promovida por organizaciones humanitarias como Cáritas, que destina los beneficios de su venta a financiar proyectos solidarios o de reinserción social y laboral de personas marginadas o en dificultades.

MODELO SUPERADO

Pero en Cáritas no hay una estrategia estatal sobre recogida de ropa usada -"el debate interno continúa, porque no hay consenso", dicen en Madrid-, y hay incluso organizaciones diocesanas que lo consideran "un modelo superado, trasnochado, de cooperación".

"¿Por qué dar a los pobres lo que nosotros no queremos, cuando además se puede dar ropa nueva?", afirma un portavoz de Cáritas Madrid, quien advierte además de las "malas prácticas" de algunas organizaciones. "Es un tema caliente", insiste.

Tony Cabré, de la Fundación Formación y Trabajo, vinculada a Cáritas Barcelona, que en 2007 recogió más de 2.000 toneladas de ropa en esa ciudad y en su área metropolitana, depositadas en cerca de 200 contenedores instalados en la calle, parroquias y centros comerciales, pone nombre a esas "malas prácticas" y cita a Humana. "Es una empresa con ánimo de lucro reconocida como secta en varios países", asegura.

Desde Humana su responsable de comunicación, Rafael Mas, rechaza esas acusaciones -"las hemos oído muchas veces", dice- y afirma que ellos trabajan "de manera empresarial, lógicamente" para sacar el máximo beneficio a una actividad que en 2007 supuso unos ingresos de 5 millones de euros, de los cuales un 15% fueron ganancias.

El año pasado, en los tres mil contenedores que Humana tiene en seis comunidades autónomas -Madrid, Cataluña, Valencia, Andalucía, Galicia y Asturias- recogieron 13.242 toneladas de ropa, de las cuales 5.300 fueron clasificadas en las centrales de Cataluña y Granada. Las 8.000 restantes, inútiles para su uso comercial, por mal estado u otras razones, fueron vendidas a empresas de reciclado.

El 15% de la ropa clasificada se puso a la venta en las tiendas que Humana tiene en Barcelona, Madrid y Granada, y el 50% fue enviada a África, a países como Angola y Mozambique, donde la organización asegura desarrollar proyectos humanitarios.

En Mozambique, informa Humana, entre 6.000 y 10.000 personas viven de la venta de la ropa que ellos les proporcionan, prendas que compran más de cuatro millones de mozambiqueños.

África y países del Este son también el destino final de parte de la ropa recogida por la Fundación José María Haro-INTRA, que opera al amparo de Cáritas en la Comunidad Valenciana, y que invierte los beneficios de su venta a la formación y creación de puestos de trabajo para personas marginadas.

En 2007 recogieron 350 toneladas, en las que están incluidos excedentes donados por empresas textiles. "En temporada alta hemos llegado a recoger hasta 40 toneladas en un solo día", dijo a EFE Ana Soubrier, de dicha entidad.

"Nos diferencia de Humana que nosotros no somos una entidad con ánimo de lucro. No se puede montar un negocio amparado en la solidaridad", insistió Sobrier.