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Esperando a Moody's

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Cuando la agencia Standard & Poor's rebanó la calificación de la solvencia de la deuda española dejándola en AA con perspectiva negativa el 28 de abril pasado, los esfuerzos del Ministerio de Economía y Hacienda por evitar que esa herida se convirtiera en una gangrena consiguieron ganar tiempo. Las otras dos agencias, Fitch Ratings y Moody's, anunciaron el 4 de mayo que mantenían la triple A de máxima solvencia (o matrícula de honor). Querían darse tiempo para analizar los nuevos escenarios antes de ordenar la bajada de la guillotina. Finalmente, un mes después de Standard & Poor's, el 28 de mayo, tocó a Fitch Ratings hacer de verdugo, al anunciar que retiraba la nota de máxima solvencia, dejándola en AA+, equivalente a un sobresaliente.

Después de poner el acento en la necesidad de reducir el déficit y proceder a una urgente consolidación (la nueva palabra de moda para anestesiar/edulcorar la brutalidad del recorte fiscal), la agencia norteamericana, tras conocer los planes del Gobierno de Zapatero, advertía sobre el freno que supondría esa reducción para el crecimiento de los próximos años. A buenas horas, mangas verdes.

Una misión de la agencia llega a Madrid para analizar la deuda

Como en la obra del teatro del absurdo de Beckett, el Ministerio de Economía y Hacienda, tras la subida sistemática del diferencial entre el bono público español y el alemán, espera ahora a Godot. A diferencia del teatro, donde dos vagabundos esperan en vano a Godot, el Gobierno y diferentes instituciones se aprestan a recibir en las próximas horas a una misión de Moody's que sí va a venir, procedente de Londres, donde, por cierto, el Gobierno británico recibió ayer, como el español hace diez días, una coz espectacular de Fitch Ratings por la 'formidable' hazaña que será reducir su déficit.

Pero mientras llegan los economistas de Moody's, el Gobierno español sabe por dónde pueden ir los tiros en el próximo informe de la agencia. Ayer Pierre Cailleteau, director del departamento de deuda soberana de Moody's, explicó en Madrid que el problema no está tanto en la prima de riesgo que ha tenido que soportar España en los últimos meses (mientras se desarrollaba la conferencia de Cailleteau, el bono español a diez años escalaba al máximo histórico de 212 puntos básicos respecto al bund alemán, diferencia récord desde el lanzamiento del euro) sino en la perspectiva de estancamiento de la economía española. En otros términos: si hay crecimiento económico, la deuda pública, aunque muy elevada, puede ser manejable.

Cailleteau, que es muy crítico con la gestión de la crisis de Grecia en la eurozona, cree que el euro no está acabado. Pero, matiza, por primera vez en diez años no resulta 'absurdo' considerar el fin de la moneda única.

Precisamente, en su informe difundido ayer, la agencia señala que 'pese al programa de estabilización de casi 1 billón de dólares (750.000 millones de euros) las emisiones de deuda de los países europeos han empeorado en las últimas semanas'. Moody's señala que 'serán necesarios esfuerzos más coherentes para estabilizar los mercados financieros europeos más pronto que tarde. Los políticos europeos quizá tengan que copiar a Estados Unidos y garantizar la deuda bancaria europea así como reforzar y ampliar las garantías existentes para los depósitos bancarios'. Más madera, pues. Y después de la leña, fuego.