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"Espero heredar el talento de mi padre, no su cabeza"

El hijo de Sergio Marrero destaca en la cantera del Las Palmas

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Hijo de uno de los juguetes rotos de los años ochenta, Sergio Marrero Perdomo (13/6/1989) se abre paso en el siempre fértil semillero del fútbol canario. La suya es una historia curiosa y meritoria, muy meritoria. Tiene madera de central y no puede evitar las comparaciones con su padre, uno de los defensas con más talento que parió la Unión Deportiva Las Palmas en el último cuarto de siglo y cuyo traspaso al Atlético en 1988, por unos 30 millones de pesetas de la época, significó en su día la operación más cara del fútbol insular.

Internacional sub 18 y espabilado como pocos para leer el juego desde la defensa, Sergio Marrero padre (27/12/1962) fue una de las primeras apuestas de la controvertida era Gil, solo que nunca llegó a cumplir aquel contrato de cuatro años con la entidad colchonera, donde estaba llamado a convertirse en uno de los mejores centrales del fútbol patrio. Su mala cabeza, la droga y las malas compañías truncaron una carrera prometedora. Sergio padre cayó en desgracia. Incapaz de administrar su éxito sobre el verde, pasó a engrosar la lista de renglones torcidos del deporte español.

La salida de Las Palmas y su llegada a Madrid acabó por condenarle cuando mejor pinta tenía su vida profesional. Las señales de indisciplina le habían acompañado desde joven. 'Cuando le vi por primera vez', declaraba no hace mucho Castellano, histórico del equipo amarillo, 'apenas tenía 14 años y contaban que le había pegado una piña a uno de sus entrenadores anteriores'.

Al subir a la primera plantilla, un empleado 'le iba a buscar la casa y le llevaba a los entrenamientos'. Más adelante, con Olsen en el banquillo, Marrero acabaría explotando como futbolista. Luego se fraguó su posterior fichaje por el Atlético y el inicio de su declive. La vuelta a las andadas y una vida desordenada precipitaron la rescisión de su contrato. A partir de entonces, Marrero sólo generaría noticias relacionadas con sus problemas con la justicia. En 1999, fue condenado a prisión por participar en un atraco en un bar de la Isleta, que acarreó incluso la muerte de uno de sus compinches; y sin ir más lejos, en diciembre del año pasado, volvería a ser juzgado por la presunta venta de dos boliches de crack dos años atrás en una plaza de su ciudad.

Con esa triste historia detrás y las inevitables alusiones a su progenitor, el hijo de Sergio ha tenido que crecer como futbolista. 'Es mi padre y es mi apellido', asegura. 'Las cosas son así y así he de aceptarlas, pero su historia me sirve de motivación para no cometer sus mismos errores. Yo nunca le vi jugar, pero los padres de mis amigos que sí que le vieron, me dicen a menudo, cuando me ven sobre el campo, que es como si le estuvieran viendo a él. Espero haber heredado su talento, pero no su cabeza', apunta Sergio, un chico sano y noble de 20 años que ha manejado su particular situación con una entereza impropia de su juventud.

Los que le conocen bien dicen que es un muchacho con 'muchas luces' y señalan a su madre como la principal responsable de que Marrero junior sea ahora una promesa en firme del fútbol canario y un chico ejemplar. Y así lo confirma el propio implicado. 'Se lo debo todo a ella, porque ha luchado mucho por mí y es mi aficionada número uno. Me ha inculcado los valores correctos y gracias a ella algún día espero llegar lejos como futbolista'. Sergio mantiene el contacto con su padre, pero asegura que no habla de fútbol con él. 'Vive en una calle paralela a la mía y hablamos a menudo', dice.

El joven central debutó la temporada pasada con el primer equipo del Las Palmas. Recién salido de la categoría juvenil, fue alineado en varios amistosos del conjunto amarillo, amén de compaginar los entrenamientos de la primera plantilla con los del filial. Tras firmar su primer contrato que lo vincula al club grancanario hasta 2013, Marrero se apresta ahora a vivir un año clave. Acaba de ser cedido al Villa de Santa Brígida, inquilino de la Segunda B hasta este curso y uno de los proyectos más fuertes de la Tercera canaria.

Sergio sueña con jugar algún día en la liga inglesa y afronta con cabeza y entusiasmo su futuro inmediato. 'La cantera del Las Palmas sigue fabricando jugadores de mucha calidad. Voy a tener minutos en mi nuevo equipo y sé que tengo que aprovecharlos para volver con argumentos para quedarme en el primer equipo', apunta un Sergio que ha convertido su historia particular y la de su padre en un aliciente más 'para hacer las cosas bien'.

Consciente de que su trayectoria puede servir de ejemplo a otros jóvenes involucrados en un entorno complicado, Marrero da muestras de tener la cabeza muy bien amueblada y exhibe la sensatez y la lucidez que en su día, por cosas de la vida, le faltaron a su padre, para no truncar su prometedora carrera.