Publicado: 03.08.2014 23:24 |Actualizado: 03.08.2014 23:24

El espía de la CIA que revolucionó la seda tailandesa

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Un pequeño taller en Bangkok conserva las técnicas y algunos recuerdos del exespía estadounidense Jim Thompson, quien revolucionó la industria de la seda en los años cincuenta y sesenta y le confirió renombre internacional.

Junto a un canal en la capital, se ubica el lugar de trabajo de Manussanan Benjarongjinda, a quien Thompson acudió hace más de medio siglo para introducir un tipo de seda con diseños nuevos y con tintes naturales importados de Suiza. "Todas las mañanas sobre a las nueve Jim Thompson venía a mi casa para coger la seda teñida y darme nueva para teñir. Él era muy simpático y siempre sonreía", explica Manussanan, conocido como Loong Aood.

Sin saber casi nada del país y sin hablar tailandés, el estadounidense desembarcó en Bangkok justo después de la Segunda Guerra Mundial para ocuparse de la nueva oficina de la CIA en la capital de Tailandia. De acuerdo a su biografía oficial, Thompson cambió el espionaje por los negocios a los dos años de arribar al antiguo reino de Siam y se fijó en la seda, que por aquella época era un producto poco popular.

Los talleres que visitó para crear sus nuevos patrones de seda pertenecían a miembros de la comunidad musulmana cham en el barrio capitalino de Ban Krua, donde reside Loong Aood. Los cham habían llegado a Tailandia hacía dos siglos y recibieron permiso del monarca para asentarse en los terrenos que aún ocupan y donde las casas al lado del canal continúan siendo de madera. "Si no me hubieran empleado en aquel momento, no habría ninguna casa de seda ahora y yo sería un taxista", afirma Loong Aood, quien mantiene viva la tradición.

Todos los días, los hilos de seda cruda llegan a su taller, donde son blanqueados durante 25 o 30 minutos y luego teñidos en una olla grande. A continuación, le añaden un pegamento especial y la airean en el exterior. Cuando está seca, utilizan una máquina especial para desenredarla y dejarla lista para ser tejida. Este taller produce tres tipos de seda: chalés, pañuelos y telas para confeccionar vestidos a medida.

"La mayoría de los clientes son extranjeros que aprecian mucho la calidad y el precio de la seda de esta casa. En cambio, los tailandeses solamente la compran en ocasiones especiales porque piensan que el precio es excesivo para ropa de la vida cotidiana", dice Loong Aood. Thompson, que se granjeó la amistad de la élite tailandesa, logró que funcionarios y diplomáticos promocionaran sus diseños luciendo vestidos tradicionales en actos oficiales y también empezó a exportarla a partir de Thai Silk Company, creada en 1947.

El exespía desapareció de forma misteriosa en Cameron Highlands, una cadena de colinas en el norte de Malasia, aunque su nombre continuó dando nombre a una de las mayores cadenas de tiendas de seda de Tailandia. Se dice que fue asesinado por la guerrilla comunista, que desapareció o que regresó a Estados Unidos con una nueva identidad porque alguien descubrió que aún trabajaba para la CIA, o incluso que fue devorado por un animal salvaje en la jungla.

Desaparecido Thompson, el taller de Loong Aood dejó de proveer seda a Thai Silk Company, aunque continuó produciendo para otros clientes, incluidas tiendas en la provincia sureña de Surat Thani. Hoy día, la popularidad de la seda tailandesa ha disminuido, sobre todo entre los más jóvenes, aunque sigue siendo uno de los recuerdos favoritos entre los turistas extranjeros por su calidad y precio.

Loong Aood insiste: "Quiero que la gente, especialmente los jóvenes, vengan a visitar mi casa y vean la belleza de la seda. Además no es tan cara como se la imaginan y los clientes estarán muy elegantes".