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El espíritu de Madrid 2020 se encuentra en Alcorcón

Su humilde club de fútbol, en puestos de ascenso a Primera, es una prueba de lo que busca nuestra candidatura olímpica: la austeridad no impide el éxito

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'Yo te voy a decir todo lo malo que tiene mi club, porque lo bueno ya se encargarán nuestros futbolistas de decirlo. Te vas a encontrar en pretemporada en un campo de Regional, en un pueblo que no lo conoce nadie'. Si los miembros del COI se pasasen esta semana por Alcorcón, Nicolas García, director deportivo del equipo de fútbol, no les engañaría. Es posible que les dijese esto mismo que le dijo a José Bordalás el pasado verano cuando le ofreció el cargo de entrenador.

Entonces tampoco le ocultó que casi 900 socios se acababan de dar de baja ni que el Ayuntamiento debía al equipo dos millones de euros. Pero, eso sí, le advirtió que la gestión de este club era 'digna de ser llevada a la universidad' y que la austeridad también puede ser exitosa. De hecho, la austeridad gobierna la propaganda de la candidatura de Madrid 2020. Por eso, los miembros del COI podrían pasarse esta semana por el estadio de Santo Domingo. No es el Bernabéu. No estará Casillas en ninguna portería. Pero conocerían una empresa pequeña, sin deudas de ninguna clase, y a día de hoy en posición de ascenso a Primera División.

Su presidente Julián Villena es un tipo directo, con un dossier de prensa que no vive por encima de sus posibilidades. 'Es un disparate que haya equipos con deudas de más de cien millones de euros'. El contraste es su Alcorcón, que funciona como una empresa 'en la que no se admiten las pérdidas'. Y, aunque cada vez sea más difícil, Villena ha demostrado que 'con los recursos que se generan en la categoría se puede mantener al equipo' lejos de Concursos de Acreedores que siempre ha calificado como 'una estafa legal que hay en todas las empresas'. Y propone un endurecimiento en los castigos a los incumplidores: 'Las entidades que no pagan arruinan a un montón de gente. Tendría que haber una Ley para que los que tengan pérdidas, desciendan. Juegan con ventaja. Lo que no puede ser es que dejen de pagar y sigan compitiendo con los que han ajustado sus cuentas. Luego hay esas diferencias, claro'.

Sin embargo, el Alcorcón no acepta esa vida. El director deportivo, Nico García, lo ha reivindicado: 'Es increíble como puede funcionar una entidad con tan pocas ayudas y con tantos incumplimientos por parte de todo el mundo'. De hecho, también se lo dijo a Bordalás cuando le ofreció el cargo de entrenador. Pero ni aun así consiguió asustarle. Y eso que Bordalás venía de otro mundo. Su último club había sido el Elche con toda una ciudad detrás y con un estadio de 36.000 espectadores, el Martínez Valero, en el que ha jugado la selección española.

Nada que ver con el Santo Domingo, que apenas llega a los 6.000 espectadores y que, a pesar de eso, cuesta llenar. Aun así, Bordalás aceptó el desafío del Alcorcón, de un extraño club que, siete meses después de aquello y treinta jornadas de Liga después, está en posición de ascenso a Primera. Compite frente a clubes, de capitales de provincias, que triplican su presupuesto. Pero la clasificación no menosprecia a la austeridad. Al menos, en el caso del Alcorcón que hace tres años ni siquiera era una Sociedad Anónima y que el año pasado se quedo a un gol de ascender.

Meses después, traspasó a sus mejores jugadores y perdió a Anquela, su entrenador, que casi era su símbolo. Pero no se traicionó a sí mismo. Ni a su humildad de toda la vida ni a su propio secreto, 'que consiste en no meternos presión'. Su vida es otra cosa. Sus desplazamientos son en autobús por casi toda la geografía española. Sus taquillas no suelen dar ni para pagar a los árbitros. Pero se apaña con lo que cobra de las televisiones. Su presupuesto está entre los dos o tres más bajos de Segunda. El sueldo medio de los futbolistas no supera los 60.000 euros anuales, lo que es muy bajo en esa categoría.

Sus jugadores también cargan con las porterías en los entrenamientos y en los viajes se alojan en hoteles que, a veces, no llegan a las tres estrellas. Pero cobran lo que se les promete. Por eso se sienten reflejados en Nico, su director deportivo, que se siente 'un privilegiado' por estar aquí. Y, sí, ese quizá sea el precio de la austeridad que, sin embargo, no contrasta con el éxito. Quizá hasta pueda ser una humilde, una pequeña enseñanza para nuestra candidatura olímpica.