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Los estadounidenses presionan para que haya pacto en la deuda

La avalancha de protestas de ciudadanos colapsa varias webs de congresistas republicanos

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Centralitas colapsadas. Páginas web saturadas. Los estadounidenses, atendiendo a la petición de Obama el lunes, han hecho saber a sus congresistas, especialmente a los republicanos, que están cansados del espectáculo de una clase política incapaz de alcanzar un acuerdo sobre la deuda. En los últimos dos días la avalancha de protestas ha sido tal que varias páginas web de congresistas conservadores radicales, como Jim de Mint o Eric Cantor, se han desbordado. La propia Casa Blanca ha triplicado el volumen normal de llamadas.

Demócratas y republicanos seguían sin hablarse mientras intentaban forzar la aprobación de sus respectivas propuestas en las cámaras donde tienen mayoría: la de Representantes, en el caso de los conservadores, y el Senado, en el de los demócratas. Estos intentan amoldar su plan para presentarlo como un compromiso. Piden elevar el tope de la deuda en 2,4 billones más (ahora está en 14,3 billones) y proponen recortes de 2,2 billones en diez años para aliviar el déficit, en los que se incluye un billón de las guerras de Irak y Afganistán. Ya no hablan de subir los impuestos.

En el partido republicano soplan vientos de rebelión. Su líder en el Congreso y principal interlocutor de Obama, John Boehner, tuvo que aplazar, en principio hasta hoy, la presentación de su plan ante la ira de casi un centenar de congresistas afines al Tea Party. Por si fuera poco, la Oficina del Presupuesto del Congreso calculó que el plan de Boehner no ahorraría 1,2 billones de dólares en los próximos diez años, como había presentado, sino 'sólo' 850.000 millones. Obama ha amenazado con vetar la propuesta.

Daven Sharma, presidente de Standard & Poor's, afirmó ayer ante la comisión de Asuntos Financieros del Congreso que no pensaba que EEUU fuera a dejar de pagar su deuda pero también dijo que debía presentar un plan para reducir el déficit si quiere conservar su nota, la triple A.

Aunque los mercados están inquietos porque se habla de una posible bajada del rating estadounidense, en el caso de que la propuesta de Washington no fuera convincente, aún no han entrado en pánico. La razón principal es que el Gobierno podría superar la fecha límite del 2 de agostoy seguir una semana más pagando sus facturas gracias, en parte, a una recaudación fiscal mayor de la que estimó cuando hizo los cálculos de su inminente insolvencia. The New York Times calculaba que Washington tenía hasta el 10 de agosto antes de entrar en suspensión de pagos.