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Este cineasta necesita 400 euros

Velasco Broca pide mecenazgo por Internet para sacar adelante su esperada ópera prima, Aurora

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En un laboratorio del barrio de Charlottenburg de Berlín, hay siete rollos de película de 16 milímetros con una hora de metraje en bruto revelado. De ahí saldrán los primeros 13 minutos de Aurora, si su director, César Velasco Broca, consigue pronto los 400 euros que le faltan para recoger las dichosas latas.

El esperado primer largo del director de algunos de los cortos de culto más insólitos de la última década depende del viejo concepto de mecenazgo actualizado al 2.0. Hace un mes, lanzó la convocatoria viral por e-mail: de un euro al infinito. Podríamos llamarlo rodaje miseria o cómo sacar adelante una película sin el apoyo de televisiones, ministerios ni productoras de peso.

César Velasco Broca (Álava, 1978) es algo parecido a un Quijote con cámara en mano, un tipo que en vez de molinos ve extraterrestres. Un director raro. Su retrofuturismo surrealista un cruce entre Buñuel, Bresson y Lynch le ha granjeado un reducido pero consistente fenómeno fan internacional, por un lado, y una especie de desconfianza congénita en las autoridades culturales y productoras españolas, por otro.

'El cine que proponemos es difícil de clasificar. Eso nos ha conducido (sobre todo, en España) a recibir muchas palmaditas en la espalda pero poco interés o apoyo real', mantiene el socio y productor de Velasco Broca, Cormac Regan.

'Pasar por Cannes o Slamdance no cuenta para Cultura'

Da igual que este vasco amante de la música electrónica fuera el primer director español en 36 años en presentar un corto en la Quincena de Realizadores de Cannes en 2007. Da lo mismo también que con esa misma pieza, Avant Petalos Grillados, ganara el Gran Premio del Jurado en Slamdance, el certamen en competencia directa con Sundance para reinar sobre el cine indie en EEUU. 'Son cosas que no cuentan demasiado a la hora de presentar un proyecto a las ayudas de Cultura', mantiene el director.

Lo cierto es que el autor de La costra láctea (2003) se ha presentado religiosamente a todas las convocatorias del ICAA, siendo sistemáticamente rechazado. Primero, con el guión de Noches transarmónicas coescrito con el cineasta Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes) y, ahora, pulido bajo el evocador título de Aurora.

'Nos dan muchas palmaditas en la espalda, pero escaso apoyo'

Gastados los ahorros, la alternativa que se le vino a la cabeza fue el mecenazgo. 'No tenía tiempo para inventar una nueva fórmula revolucionaria de financiación. Necesitaba sacar esto adelante para seguir respirando. Además, era importante empezar a tener material rodado para convencer a algunas productoras', aclara.

La cosa se complica (y mucho) a la hora de explicar a los inversores potenciales de qué va Aurora. Como sus anteriores cortos, su largometraje no parte de un argumento líneal, ni ofrece lo que comúnmente se conoce como historia. Sus películas nacen y crecen a partir de imágenes poderosas. 'Voy acumulando en una línea de tiempo imágenes que se van activando a lo largo de toda la película', explica el cineasta.

El filme arranca con cinco minutos de planos de Madrid desde sus azoteas. Le siguen 63 besos de ex parejas, que se encadenarán con una secuencia de niños corriendo con chubasqueros amarillos. 'En Aurora hay un entramado muy complejo que me ha llevado cinco años estructurar', admite. No faltarán sus habituales extraterrestres ni su fascinación ritual, que esta vez lo llevará a filmar a la secta Valle del Amanecer, cerca de Brasilia. 'El próximo paso será conseguir el dinero para construir los extratrerrestres que en esta película se llaman Los percebes rotos y Los prados rojos', explica.

Suena insólito, desde luego. Extraño, marciano. Pero conviene aclarar que su objetivo no son las salas comerciales. 'Mi cine recorre el circuito que va de los festivales de cine a la edición en formato DVD. Mis cortos han sido editados cinco veces en tres países y han sido vendidos a televisiones fuera de España. Considero que soy un director rentable siempre y cuando me mueva en un presupuesto bajo. Soy experimental, pero soy sostenible', zanja convencido Velasco Broca. ¿No se animan a apadrinarlo?