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Sin estelas en la hierba de Cristiano

Kaká y Benzema no están teniendo problemas para mostrar sus cualidades. Sin embargo Ronaldo todavía no brilla

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La pretemporada ha concluido y no hay una sola estela de tacos en la hierba que deje constancia de que el Real Madrid haya fichado la capacidad de desequilibrio de Cristiano Ronaldo. En la memoria de los partidos de verano no se ha dibujado ni una sola de esas conducciones en velocidad que tanta gloria le dieron en el Manchester United.

La ansiedad de la hinchada del Bernabéu por verle despuntar discurre más deprisa que la realidad de su estado de forma y de adaptación. La grada ya murmura y jalea por igual sus acciones. Cuando ejecuta algún gesto técnico de los suyos o cuando se atasca en un regate. Está desconcertado el madridismo con el fichaje destinado a abanderar el asalto al monopolio ganador instaurado por el Barça la temporada pasada. No le ha visto.

De todos las fichajes estelares realizados por Florentino Pérez, es el único que no ha logrado ser el dueño exclusivo de un partido de pretemporada. Ha dejado detalles. 'Cristiano se ha visto sometido a muchos cambios, de país, de Liga... y le llevará más tiempo adaptarse', le excusa Pellegrini.

Lo cierto es que Kaká y Benzema han tenido que pasar por idénticas transformaciones en su día a día y no están teniendo problemas para mostrar sus cualidades. Cristiano sí. Los contrarios no le han dejado ni una sola opción de encabezar un contragolpe, de lucir su mejor condición: la conducción en velocidad. Tampoco se le ve cómodo en la propuesta dominadora de Pellegrini, porque le resta metros a explotar en carrera. El entrenador chileno le da libertad total para que se exprese por todo el frente de ataque, pero al luso le cuesta mucho ajustar su fútbol a la reducción de espacios y tiempos de acción.

El rostro de Cristiano se aprecia contrariado en sus comparecencias en las zonas mixtas. Es un regateador y un goleador. Un futbolista con el ego de las grandes figuras, que sólo sienten el juego desde su protagonismo. Aun así, parece confiado y altivo: 'No tengo que demostrar nada a nadie'.